Opinión

Fecha: Lunes, 23 Septiembre, 2019 - 00:00

Dos mundos

Ideas y pensamientos con lo que me queda de vida, anoche sentí el peso de los años y como mi cuerpo (de distintas maneras) me va anunciando su agotamiento.

La expresión revolucionario era correcta en épocas anteriores (cumpliré 94 años).

Si tuviera que decir qué y quién soy, hoy lo diría como lo hizo un alumno de Platón -en la Grecia antigua-: amo a Platón, pero más quiero a la verdad.

“Aggiornamiento” para estar a la altura de una humanidad que está entrando a madurar, a un mundo que reclama cambios, al que está llegando con mucho dolor y sacrificio.

A un hombre que le hicieron equivocar su camino y destino.

A los 12 años no se puede hablar de conciencia política, sin embargo apoyé en mis años de campo y pueblo a españoles en la Guerra Civil española. Corrían los años 1936 y 1939...

Ya se planteaba que pueblo en democracia era equivalente a pueblo en el poder o dictadura fascista, equivalente a capitalismo.

Al “aggiornamiento” que supone tendrán que avenirse los pueblos, que enfrentan a sus gobiernos, pues en cada país la división del pueblo en clases sociales y las desigualdades sociales -creadas por el capitalismo- transfiguraron al hombre, que no alcanzó a convertirse en “ser humano”.

El día 29 de septiembre se conmemoró el Año Nuevo Judío (5780).

Provengo de inmigrantes que vinieron de Lituania (litviques en iddish), de origen judío.

La vida es la única escuela que conocí en mi vida.

Las crisis de 1929 y la pobreza me acompañaron de por vida, aunque mis ideas, investigaciones y proyectos, todos ideados con los apoyos que busqué de la ciencia y la tecnología.

La señora del rabino (fallecido) me envió días atrás un calendario judío del año 5780, que en idioma iddish lo llamábamos “Luaj”.

Pinté y dibujé unas 200 obras de “sinagogas del mundo”, otras imaginadas por mí, diría tras las huellas de Chagall.

Guardo un folleto de pocas páginas escrito por judíos de Estados Unidos, sobre la vida de Sholem Aleijem, con una pintura e imagen de él mismo, lo titularon “Sholem Aleijem twiszn twei welton”, traduzco: “Sholem Aleijem, entre dos mundos”.

La mitad en su pueblito natal, la otra en Nueva York.

Esa misma impresión me causó el pasado 27 de septiembre, al escuchar las intervenciones de la reunión de las Naciones Unidas.

Dos mundos distintos... Escuché al canciller ruso Lavrov, al representante chino, a la canciller de Venezuela, a Evo Morales de Bolivia, y escuché a Trump, presidente de Estados Unidos, y a Iván Duque, presidente de Colombia, como primer país de estupefacientes -cocaína y marihuana-, evidentemente eran dos mundos.

Dedico tiempo a enterarme de lo que pasa en mi país.

Le preguntaron a Marx que era para él el Comunismo y respondió “Humanismo, en su expresión más elevada".

Padecí sufrimientos muy duros por mi militancia, llevaron preso a mi padre que trabajaba en un pueblito de la Provincia de Buenos Aires para la Junta Nacional de granos, lo pasearon esposado por las calles, y a mi hermano que trabajaba en la Ciudad de Buenos Aires lo detuvieron y trasladaron a la cárcel, dentro de la Base militar Naval de Puerto Belgrano, persiguieron a mi madre, pues imaginaba (la policía) que ella me buscaría.

Cristina, sé que estás en Cuba, visitarás a tu hija, ella no está bien, eres el alma mater del nuevo gobierno y de la Revolución que necesita el país y a solo un mes de las elecciones del 27 de octubre próximo.

La lucha nos puede convertir en duros, aprendimos a recibir castigos injustos que duelen por dentro, por eso sé como te sientes.

Por duros que seamos, somos solidarios y sensibles.

No encuentro palabras (ni siquiera si existen) para decirte cómo siento lo tuyo… ¿Cómo explicar con palabras los sentimientos?

Lo decía Ezequiel Martínez Estrada (gran pensador): “El paisaje sureño no se ve, se siente con todo el cuerpo”.

Esos estados de ánimo no son explicables, pero se sienten..

Pienso que la vieja Comunidad judía a la que conocí en mi pueblo natal y a la que recuerdo, trajo a mi memoria un libro que leí “Flecha al cielo” autor: Saúl Gidekel, se refiere a la guerra Ruso-Japonesa (año 1904).

Autor: Aron Berstein