Opinión

Fecha: Martes, 17 Julio, 2018 - 00:00

Devaluar o dolarizar, la cuestión a evitar

Y llegaron los primeros quince mil millones de dólares, deuda que contrajimos con el FMI y que venía a “calmar a los mercados” al ser el reaseguro del pago de intereses de la deuda ya contraída, una parte, y para el pago de gastos corrientes -la parte del déficit fiscal que no cubrimos con ingresos- por el otro.
Pero la fuga de capitales continuó -ya se había ido una cifra similar a la arribada, entre diciembre y junio- y el dólar siguió aumentando -llegó a superar el 60% en lo que va del año- siendo la devaluación transferida a precios con un fuerte impacto en la inflación de junio, y proyectando la anual por encima del 30%.
A todo esto, la letra chica del acuerdo con el FMI no ha sido dada a conocer pero en la realidad se manifiesta en un fuerte ajuste del Gasto Fiscal (no se están aumentando los Ingresos en cabeza de quienes más han ganado con este modelo, como los sectores agroexportadores y la industria concentrada) al disminuirse la Obra Pública y los subsidios a las tarifas de servicios públicos, generarse despidos en el sector público, frenarse la pauta salarial por debajo del índice inflacionario y avanzarse sobre el sistema previsional al querer pagarse las jubilaciones y pensiones con el Fondo de Garantía de Sustentabilidad.
Estamos ante una dolarización de los alimentos, las tarifas y los combustibles, conjuntamente con la creciente posición de la deuda en dólares.
La primer semana de julio se intentaron colocar letras en dólares -LETES- a cambio de LEBAC a una tasa del 5,5% con vencimiento el 26/07/2019 pero el “mercado” se quedó, en su enorme mayoría, con la tasa de interés en pesos que pagan las LEBAC -que llegó al 65% anual en el mercado secundario-, poniendo en evidencias las dudas que se tienen de que el Estado Nacional tenga los dólares para afrontar esos vencimientos. Los dólares se obtienen de las Exportaciones (que actualmente son inferiores a las importaciones), de las Inversiones o de Deuda, y al haber recurrido al FMI como prestador de última instancia, poco queda para seguir endeudándose por otra vía internacional.
Para generar recursos genuinos que permitan afrontar los servicios de la deuda externa no queda otra que mejorar los saldos comerciales (que haya superávit en la balanza comercial, es decir, que las Exportaciones sean superiores a las Importaciones) y frenar la fuga de capitales. El gobierno ya dio definiciones contrarias a esta premisa, en dos cuestiones en la primera semana de julio:
1. Se reunió con la Mesa de Enlace Agropecuaria y les aseguró que seguía vigente el esquema de retenciones a la baja (aunque no dio respuestas a la Federación Agraria -productores que venden mayoritariamente en el mercado interno- en su reclamo de tasas de interés, precio de las tarifas y apertura indiscriminada de las importaciones) por lo que se sigue afectando el déficit fiscal del lado de los ingresos, por un lado, y el comercial del lado de las importaciones.
2. Dio marcha atrás con la idea de aumentar el impuesto a la venta de pasajes al exterior para disuadir a los argentinos que quisieran viajar y gastar dólares afuera, una de las fuentes de fuga de divisas, que suman unos diez mil millones de dólares al año.
Por lo que se ve, el gobierno no está muy dispuesto a tomar medidas en favor de la generación genuina de dólares, por lo menos no por ahora -tampoco está en su ADN-, por lo que se vislumbra que vamos hacia dos escenarios posibles -que algunas veces estuvieron en pugna, como a la salida de la Convertibilidad- en tanto y en cuanto no haya un cambio de rumbo en materia económica y como paso previo a un default de la deuda externa, salvo que el endeudamiento siga creciendo por parte del FMI como forma de sostener este modelo:
1. Una fuerte devaluación que permita contraer las importaciones profundamente y aumentar -aunque sea en algo- las exportaciones, de manera tal que aparezcan parte de los dólares que se necesitan en ese sube y baja. Por el contrario, esta situación haría encarecer la deuda en dólares -se necesitarían más pesos por cada dólar- y nos llevaría a una situación de aumento de la inflación, recesión económica, pérdida del poder adquisitivo de los salarios, contracción del consumo y por ende del mercado interno, aumento del desempleo, de la pobreza y de la desigualdad.
2. La dolarización de la economía, a la usanza de Ecuador, con la pérdida de soberanía que ello acarrea al no poder contar con moneda propia y perder instrumentos de política monetaria y económica que hacen al desempeño de una economía que pretenda ser inclusiva y de pleno empleo.
Cualquiera de los dos escenarios pone en una situación de debilidad a los argentinos de a pie, integrantes de las capas medias y bajas de nuestra sociedad, que sufriríamos un fuerte deterioro en nuestra calidad de vida, por lo que es de esperar cambios en la política económica actual que permitan evitar llegar a ese estado de cosas.
Esto último se complica cuando se ve en estos días que a la problemática económica y a la social, se les están sumando las discrepancias políticas, las que hacen más complejas las definiciones a la hora de evitar una devaluación o dolarización de la economía, aunque algunos economistas lo vean como una oportunidad para debatir medidas a tomar al interior de la Alianza Cambiemos.
Los argentinos no la tenemos nada fácil en materia económica. Sabemos que la confianza perdida resulta difícil de recuperar. Queremos creer que estas cuestiones son “pálidas” o “malas ondas” más que hechos concretos por los que estamos transitando, pero no es así.
Ojalá que por una vez la salida sea menos traumática para los que menos tienen y se tomen decisiones -más temprano que tarde- pensando menos en “el mercado” que en la mayoría de los argentinos. Lamentablemente, la historia económica lo desmiente.

Autor: Por Walter Rezzuti