Biblioteca Rivadavia Instituciones

Fecha: Lunes, 26 Diciembre, 2011 - 17:32

Detrás de los vitrales

Fivaller Pablo Subirats trabaja en la restauración de los vitrales de la institución. Con una profesión aprendida en el taller de su padre, en continuidad con las enseñanzas de su abuelo, también sus hijos Martín y Lucía “heredan” el amor por el patrimonio. En agosto comenzó la obra de recuperación de las claraboyas de la Sala de Lectura Sarmiento y a lo largo de noviembre y diciembre, continuó con la actividad en el Auditorio.

Hacia la historia
Con la obra prácticamente terminada, Subirats cuenta que “estos vitrales fueron hechos por un taller de origen inglés que se llamaba Thomas, tienen aproximadamente unos 70 años de vida. Fueron encomendados con diseños específicos, se ven una serie de símbolos en las cuatro esquinas que responden a la filosofía masónica”. Asegura que “tampoco hay tanta información sobre Thomas, aunque ha hecho otros vitrales, no ha descollado por su obra. Su taller estaba en la calle Viamonte en Buenos Aires”.
En cuanto a la realización, “como una anécdota por haberlos intervenido en profundidad, noté que este vitral- por el de planta baja- fueron dos o tres realizadores los que han intervenido, se nota que no eran muy calificados”. Por el contrario, el del auditorio es el trabajo de una sola persona, supongo que ha sido la mano del propio Thomas”, lo advirtió en los trazos, en el estilo del diseño.
El trabajo en la Biblioteca Rivadavia fue arduo. El estado del vitral de la sala Sarmiento era delicado, “un 40 por ciento de los vidrios rotos, que significa mucho; hubo que consolidar muchas rajaduras sobre todo en vidrio trabajado con esmalte, todo lo que es decorado si el vidrio esta completo es mejor consolidarlo que cambiarlo”. El mayor agresor de estos diseños ha sido el tiempo. “El deterioro de estos vitrales tiene que ver con la falta de mantenimiento, también las condiciones climáticas de calor-frío, esto es determinante justamente con el tiempo. Ha tenido restauraciones, que lejos de beneficiarlos los ha perjudicado. En un sector había un vidrio quebrado en ambas partes, pero completo, y lo habían pegado a un triángulo entero con silicona, lo cual es complicado porque se incrementa el peso al doble en la masa que tiene el vitral, y eso lo tiene que soportar una estructura de plomo. En cualquier caso, por más partes que tenga el multifisuramiento de un vidrio, hay elementos cristalinos que perfectamente cumplen la función de consolidantes”. Explica lo que hicieron: “disolvimos la unión con la silicona, que era un producto absolutamente inocuo para los esmaltes pero fue un trabajo importante que nos llevo un día entero, lo hice personalmente. Luego hicimos la limpieza para poder hacer una buena consolidación con epoxi cristalino.”
Lo que queda pendiente de la obra es la cubierta de la claraboya que se encuentra en el hall de ingreso al auditorio, que recibirá su terminación en el próximo mes de enero.

El trabajo
Frente a un trabajo de restauración, Subirats afirma que el desafío está en la evaluación de la obra, “se hace un mapeo de cada vitral, es una secuencia de tareas que van permitiendo hacer un escaneo total desde la faz previa a la intervención, la documentación de accidentes, la detección de patologías que puedan tener, la realización de pruebas para elegir la estrategia ideal para intervenir y una vez que se establece la misma, se realizan tareas concatenadas hasta que se resuelve el enigma de la conservación o de la puesta en valor del elemento”. La actividad se documenta fotográficamente, después “se lo lleva a fichas que explican los procedimientos por medio de elementos visuales que se aplican a la fotografía para transformar en una documentación técnica. Y queda una recomendación de un mantenimiento conservativo”. Los avances tecnológicos han permitido que el registro sea más sencillo, “hemos aggiornado las formas de documentación digitalizándolas, porque los conceptos no cambian”.

En el mundo
Los vitrales surgen en la época del arte gótico, han pasado por procesos históricos, momentos estilísticos y en sus realizaciones con materiales y técnicas del momento. “Se pueden encontrar vitrales góticos que han sido hecho con tintas orgánicas, y unidos con una argamasa de la época, o unos primeros vitrales con plomo colado en surcos. Vidrios que se trabajan únicamente con el color con el que ha sido fundido y soplado o vidrios que están trabajados con óxidos vitrificados, como estos de la Biblioteca, y que te ofrece a través del tiempo una gama de decoración infinita. Trazas hechas con plomo o cobre o bronce”. Según Subirats, el factor humano determina la existencia de este arte, “tiene una manera de ser hecho artesanalmente, depende del personaje que le da vida”. Asegura que el mayor hándicap lo tienen los trabajos franceses, “su realización es impecable, la manera de modelar las sombras y los colores tienen un trabajo de esfumado o satinados sutiles superiores a otros”. En Argentina, existieron algunos talleres italianos, alguno francés o inglés, como Thomas, quien se instaló en nuestro país y trabajó con los materiales accesibles, pero la mayoría de los diseños fueron traídos desde el exterior.
Los compromisos de restauración pueden ser complejos: “si le falta el 70 por ciento, recomiendo hacer un vitral en lugar del que no puede estar más. Si hay piezas del original se puede hacer algo evocativo, no muy complejo. Si hay fotografías que documenten el vitral el trabajo es otro, podemos hacer una realización”.
Ya presentó su próximo proyecto en la ciudad, una obra en el Club Argentino, que “está en condiciones muy complicadas” según lo evaluado por el especialista.
        
Ficha técnica
Fivaller Pablo Subirats nació en Mendoza en 1958. Ramón Subirats, su abuelo, fue realizador y restaurador, un artista en la pintura y la escultura, “se formó en Artes y Oficios en Barcelona”. Mientras que su padre Fivaller “siguió con las mismas premisas de mi abuelo”, dedicado a las Artes Plásticas junto a María Antonia Russo, su madre.
Se instala en Buenos Aires en 1986. Sus trabajos artísticos de restauración y realización comenzaron en 1991. Estudió Arquitectura en la Universidad de Mendoza. “
Lo estrictamente relacionado con la restauración lo aprendí en el taller de mi padre, no se enseña en ninguna parte. Lo que tiene que ver con el escaneo de una obra sí está relacionado con lo que estudié en Arquitectura, cuestiones de cómo ir abordando la obra, los mecanismos de trabajo. Se empieza a aprender siendo la persona que limpia, mirando y escuchando”.
Ganó el Primer Premio Internacional 1994 por tareas de restauración en la Casa Rosada. Son reconocidos sus logros en la Basílica de Nuestra Señora de la Merced y la Iglesia Mater Admirabilis, en las calles Arroyo y Suipacha, cuyos vitrales fueron destruidos durante el atentado a la Embajada de Israel, en 1992. El trabajo en el Teatro Colón en 2008, se suma a la restauración del Teatro Nacional Cervantes. “Las restauraciones del año 2010 fueron la iglesia Stella Maris de Punta Alta, en paralelo, trabajamos con la Catedral Castrense en Puerto Madero, la restauración de vitrales de una casa que compró el sindicato de Marinos Mercantes en San Telmo”. Ha logrado restauraciones en el Teatro San Pedro, en Puerto Alegre- Brasil y en Chile, se le encargó la recuperación de los decorados de un organismo estatal.
“Soy padre de seis hijos, trabajo con dos de ellos Lucía y Martín. El equipo se va modificando de acuerdo a la obra. En el taller de Bella Vista, son dos personas en fundición, una persona en trefilación, una o dos en esmalte- al margen de lo que yo mismo haga- y además hay una persona que está encargada del mantenimiento del taller, va dos o tres veces por semana. La convivencia de muchas personas en un taller haciendo diferentes actividades obliga a un orden”. Conocidos como murales vivos, Subirats y compañeros realizan entre tres y cuatro obras de envergadura por año.

Autor: Redacción EcoDias