Opinión

Fecha: Martes, 26 Septiembre, 2017 - 00:00

Del dolor compartido a la alegría del reencuentro

Ezequiel Martínez Estrada supo decir que el paisaje sureño no se ve, “se siente con todo el cuerpo”.
“Curtido de males, bandeado de apremios” crucé la barrera de los 90 años.
Vi caer mundos de luchas por esperanzas e ilusiones, heridas que no cierran, pues todos los días se abren otras.
En este 2017 desperté no pocos días escuchando de manifestaciones por las calles de Buenos Aires por parte de trabajadores, profesores, estudiantes, partidos políticos de izquierda, desfilando juntos por reivindicaciones compartidas.
Me invade el Himno a la alegría de Beethoven, y siento las trompetas de la Marcha Triunfal de Aída de Verdi.
Se está atentando contra el trabajo, contra la educación y la ciencia, los pilares sobre los que se asienta el país, la Nación, La Patria.
Por momentos veo caer el mundo en pedazos, Irak, Libia, Afganistán, Siria, Ucrania, Yemen, me dicen que hay guerra entre azerbaijanos y armenios.
Pero también me dicen que los pueblos se levantan y rebelan, y que lo perdido puede ser recuperado.
Y que es posible vivir en un mundo mejor, más justo e igualitario, más social y humano.
Tras las ruinas veo el despertar de un nuevo mundo, no me resigno a pensar que todo está perdido, no sé si lo veré, solo sé que es preciso luchar y, mi último aliento, mis últimas palabras serán las que dijo el soldado Cabral a San Martín: “Muero contento, hemos batido al enemigo”.

Autor: Por Aron Berstein