COLECTIVIDADES Cultura

Fecha: Martes, 18 Septiembre, 2018 - 00:00

De brazos abiertos

Una jornada de celebración se vivió en el Museo y Archivo Histórico, el recuerdo de los inmigrantes que llegaron al ex hotel y la bienvenida constante a los países más próximos.

El acto por el Día del Inmigrante tiene una trayectoria de muchos años de conmemoración en la ciudad. Cada 4 de septiembre es la oportunidad para recordar a los migrantes llegados a la Argentina, tanto aquellos que buscaron un destino sin guerra ni hambrunas ni persecuciones cuando corrían los años finales del siglo XIX como los más recientes del siglo XXI.

Invocaciones
La ceremonia se realizó en la sede del Museo y Archivo Histórico, Saavedra 951, conocido como el ex hotel de Inmigrantes, este edificio fue terminado en 1890 y cumplió su función a lo largo de un año cuando se abrió la inmigración directa a Bahía Blanca en 1911. Por lo tanto, está entretejido con la historia de vida muchísimas familias locales.
Un minuto de silencio y una oración oficiaron de deseo para que “más hermanas y hermanos no vean restringida su llegada, logremos una buena convivencia y sigamos marcados por la diversidad”, en palabras del sacerdote que dio la bendición para todos los presentes. Presidieron el acto la intendenta interina, María Laura Biondini; el secretario de Cultura, Ricardo Margo y la subsecretaria de Educación, Morena Rossello, la coordinadora de museos municipales Marina Fuentes, la directora del Museo Ana Luisa Dozo.
“La Argentina fue y será un país de inmigración, por eso el Día del Inmigrante es una jornada de celebración. El 4 de septiembre de 1812, hace más de dos siglos, se tomó la primera medida de promoción de la inmigración y hoy proseguimos con la misma línea, una nación abierta a los migrantes del mundo”, dijo Alejandro Melinger, titular local de la Dirección Nacional de Migraciones, en palabras de Dr. Horacio García, referente nacional del organismo. “El gobierno nacional propicia una inmigración segura, ordenada y regular tal como la alienta las Naciones Unidas en la Declaración de Nueva York sobre los migrantes y refugiados, no nos olvidemos que ahora hay más de 70 millones de personas desplazadas en el mundo”, prosiguió. Hizo referencia al respeto de los Derechos Humanos de los migrantes, con el reconocimiento de su constitución a la sociedad de acogida, la inclusión de los mismos en las políticas públicas, enfrentar la problemática del tráfico y trata de personas así como la explotación laboral. “Nuestro país se formó y creció marcado por la llegada de extranjeros que eligen este territorio, por eso, asumimos un nuevo desafío: orientar y administrar los flujos migratorios hacia lugares donde sea necesario mano de obra, donde el talento de los migrantes pueda ser aprovechado”. El reconocimiento de la inmigración estuvo enmarcado en un compromiso por generar condiciones adecuadas para que puedan trabajar o estudiar, “y a la vez tener los mismos derechos y obligaciones que los argentinos o los extranjeros que ya formaron sus familias y aportan su esfuerzo al país”. A su vez, la representación del ente estatal remarcó que la Argentina es un país receptivo y hospitalario, “integrarlos a la población económicamente activa de ningún modo implica afectar las oportunidades de los argentinos”. En cuestiones de estadística, el país promedia los 16 habitantes por kilómetro cuadrado, la población asciende a 44 millones de personas, “por lo tanto consideramos que si orientamos los recursos migratorios hacia los lugares que se necesita construiremos un círculo virtuoso que produciría un contexto de multiculturalidad”. Melinger destacó la tarea que se lleva adelante en la delegación, contando con empleados y empleadas que trabajan de manera conjunta y viabilizan trámites en 72 horas.
“Pienso que este país es grande, es virtuoso y es generoso”, destacó Ana María Tejero, presidenta del Centro de Colectividades Extranjeras, también remarcó la voluntad, el servicio y las puertas abiertas como actitudes loables de este territorio. “Nuestro compromiso como comunidades extranjeras es salir adelante para dejar estas raíces bien puestas para nuestras generaciones, tenemos hijos y nietos, ellos van a continuar representándola a través de nuestra cultura, la comida, nuestras danzas”. Mientras tanto, las distintas banderas coloreaban el patio del Museo, y la jornada del mediodía se volvía más calurosa. A continuación, el acto tuvo la palabra del secretario de Cultura, Ricardo Margo, quien destacó que “no traían protocolo nuestros antepasados, tenían muy en claro soñar una tierra mejor y un futuro para sus hijos, todavía de alguna manera estamos en deuda con ellos”.
La tarde llegaba y sobre los techos del ex hotel ondeaba la bandera argentina, la ceremonia se cerró con danzas y un convite que permitió que el homenaje se extendiera entre extranjeros, locales, autoridades, vecinas y vecinos que también realizaron una ofrenda floral recordando los primeros migrantes y desplegaron la tela de una placa que recordó la fundación del lugar como primer refugio de los recién llegados.

UNA LEY, UNA POLÍTICA
Bajo la disposición de” la inmediata protección de los individuos de todas las naciones y a sus familias que deseen habitar el territorio”, el Primer Triunvirato, vigente en 1812, firmó el decreto que marcaría el destino de nuestro país, unido a la vida de miles de personas que llegarían en busca de oportunidades. La fecha conmemorativa fue instaurada en 1949, durante la presidencia de Juan Domingo Perón.

DANZA QUE EXPRESA
Alejandra Fittipaldi y Jorge Félix interpretaron dos danzas, el gato polqueado y la jota cordobesa. Los bailarines forman parte del Centro Municipal de Estudios Folklóricos y suelen ofrecer en los actos oficiales bailes que contienen la historia local y regional. Abel Martínez Ocampo explicó que la elección de estas dos danzas se trató de representar a todos los inmigrantes presentes. “En nuestras danzas no había contacto entre los bailarines, cuando empieza a ingresar la inmigración llegan también sus danzas: la mazurca, la polca, el shoti; algunas de ellas fueron incorporándose al repertorio de la danza criolla”. El gato polqueado es propio de la provincia de Buenos Aires, se ejecutaba solamente con la guitarra, después del aporte inmigratorio se suma el acordeón, “se modifica el enlace de la pareja a través de la polca”. En el caso de la jota cordobesa, impuesta entre los límites de Córdoba y San Luis, se desarrolla en forma acriollada, “se adapta la coreografía a la música legada por los españoles”. Por lo tanto, ambos bailes se imponen con influencias diferentes.

Autor: Redacción EcoDias