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De brazos abiertos
Una jornada de celebración se vivió en el Museo y Archivo Histórico, el recuerdo de los inmigrantes que llegaron al ex hotel y la bienvenida constante a los países más próximos.
Categoría: Cultura

Una jornada de celebración se vivió en el Museo y Archivo Histórico, el
recuerdo de los inmigrantes que llegaron al ex hotel y la bienvenida constante
a los países más próximos.

El acto por el Día del Inmigrante tiene una trayectoria de muchos años de
conmemoración en la ciudad. Cada 4 de septiembre es la oportunidad para
recordar a los migrantes llegados a la Argentina, tanto aquellos que buscaron
un destino sin guerra ni hambrunas ni persecuciones cuando corrían los años
finales del siglo XIX como los más recientes del siglo XXI.

Invocaciones
La ceremonia se realizó en la sede del Museo y Archivo Histórico, Saavedra
951, conocido como el ex hotel de Inmigrantes, este edificio fue terminado en
1890 y cumplió su función a lo largo de un año cuando se abrió la inmigración
directa a Bahía Blanca en 1911. Por lo tanto, está entretejido con la historia
de vida muchísimas familias locales.
Un minuto de silencio y una oración oficiaron de deseo para que “más hermanas y
hermanos no vean restringida su llegada, logremos una buena convivencia y
sigamos marcados por la diversidad”, en palabras del sacerdote que dio la
bendición para todos los presentes. Presidieron el acto la intendenta interina,
María Laura Biondini; el secretario de Cultura, Ricardo Margo y la
subsecretaria de Educación, Morena Rossello, la coordinadora de museos
municipales Marina Fuentes, la directora del Museo Ana Luisa Dozo.
“La Argentina fue y será un país de inmigración, por eso el Día del Inmigrante
es una jornada de celebración. El 4 de septiembre de 1812, hace más de dos
siglos, se tomó la primera medida de promoción de la inmigración y hoy
proseguimos con la misma línea, una nación abierta a los migrantes del mundo”,
dijo Alejandro Melinger, titular local de la Dirección Nacional de Migraciones,
en palabras de Dr. Horacio García, referente nacional del organismo. “El
gobierno nacional propicia una inmigración segura, ordenada y regular tal como
la alienta las Naciones Unidas en la Declaración de Nueva York sobre los
migrantes y refugiados, no nos olvidemos que ahora hay más de 70 millones de
personas desplazadas en el mundo”, prosiguió. Hizo referencia al respeto de los
Derechos Humanos de los migrantes, con el reconocimiento de su constitución a
la sociedad de acogida, la inclusión de los mismos en las políticas públicas,
enfrentar la problemática del tráfico y trata de personas así como la
explotación laboral. “Nuestro país se formó y creció marcado por la llegada de
extranjeros que eligen este territorio, por eso, asumimos un nuevo desafío:
orientar y administrar los flujos migratorios hacia lugares donde sea necesario
mano de obra, donde el talento de los migrantes pueda ser aprovechado”. El
reconocimiento de la inmigración estuvo enmarcado en un compromiso por generar
condiciones adecuadas para que puedan trabajar o estudiar, “y a la vez tener
los mismos derechos y obligaciones que los argentinos o los extranjeros que ya
formaron sus familias y aportan su esfuerzo al país”. A su vez, la
representación del ente estatal remarcó que la Argentina es un país receptivo y
hospitalario, “integrarlos a la población económicamente activa de ningún modo
implica afectar las oportunidades de los argentinos”. En cuestiones de
estadística, el país promedia los 16 habitantes por kilómetro cuadrado, la
población asciende a 44 millones de personas, “por lo tanto consideramos que si
orientamos los recursos migratorios hacia los lugares que se necesita
construiremos un círculo virtuoso que produciría un contexto de
multiculturalidad”. Melinger destacó la tarea que se lleva adelante en la
delegación, contando con empleados y empleadas que trabajan de manera conjunta
y viabilizan trámites en 72 horas.
“Pienso que este país es grande, es virtuoso y es generoso”, destacó Ana María
Tejero, presidenta del Centro de Colectividades Extranjeras, también remarcó la
voluntad, el servicio y las puertas abiertas como actitudes loables de este
territorio. “Nuestro compromiso como comunidades extranjeras es salir adelante
para dejar estas raíces bien puestas para nuestras generaciones, tenemos hijos
y nietos, ellos van a continuar representándola a través de nuestra cultura, la
comida, nuestras danzas”. Mientras tanto, las distintas banderas coloreaban el
patio del Museo, y la jornada del mediodía se volvía más calurosa. A
continuación, el acto tuvo la palabra del secretario de Cultura, Ricardo Margo,
quien destacó que “no traían protocolo nuestros antepasados, tenían muy en
claro soñar una tierra mejor y un futuro para sus hijos, todavía de alguna
manera estamos en deuda con ellos”.
La tarde llegaba y sobre los techos del ex hotel ondeaba la bandera argentina,
la ceremonia se cerró con danzas y un convite que permitió que el homenaje se
extendiera entre extranjeros, locales, autoridades, vecinas y vecinos que
también realizaron una ofrenda floral recordando los primeros migrantes y
desplegaron la tela de una placa que recordó la fundación del lugar como primer
refugio de los recién llegados.

UNA LEY, UNA POLÍTICA
Bajo la disposición de” la inmediata protección de los individuos de todas
las naciones y a sus familias que deseen habitar el territorio”, el Primer
Triunvirato, vigente en 1812, firmó el decreto que marcaría el destino de
nuestro país, unido a la vida de miles de personas que llegarían en busca de
oportunidades. La fecha conmemorativa fue instaurada en 1949, durante la
presidencia de Juan Domingo Perón.

DANZA QUE EXPRESA
Alejandra Fittipaldi y Jorge Félix interpretaron dos danzas, el gato polqueado
y la jota cordobesa. Los bailarines forman parte del Centro Municipal de
Estudios Folklóricos y suelen ofrecer en los actos oficiales bailes que
contienen la historia local y regional. Abel Martínez Ocampo explicó que la
elección de estas dos danzas se trató de representar a todos los inmigrantes
presentes. “En nuestras danzas no había contacto entre los bailarines, cuando
empieza a ingresar la inmigración llegan también sus danzas: la mazurca, la
polca, el shoti; algunas de ellas fueron incorporándose al repertorio de la
danza criolla”. El gato polqueado es propio de la provincia de Buenos Aires, se
ejecutaba solamente con la guitarra, después del aporte inmigratorio se suma el
acordeón, “se modifica el enlace de la pareja a través de la polca”. En el caso
de la jota cordobesa, impuesta entre los límites de Córdoba y San Luis, se
desarrolla en forma acriollada, “se adapta la coreografía a la música legada
por los españoles”. Por lo tanto, ambos bailes se imponen con influencias
diferentes.

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2018-09-18 00:00:00
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