Acto en Humanidades Bahía Blanca

Fecha: Miércoles, 22 Septiembre, 2010 - 00:00

Contra la amnesia

Más de un centenar de personas se dieron cita en el hall del edificio universitario de 12 de octubre y San Juan, para recordar a diez estudiantes de carreras humanísticas de esa casa de estudios que resultaron víctimas de la represión estatal y paraestatal de la década del ’70.
El emotivo acto incluyó una exposición pictórica en memoria de los asesinados y desaparecidos. Además, se entregaron copias de los legajos de las víctimas a sus familiares y amigos.

Patricia Elizabeth Acevedo. Daniel Osvaldo Carrá. Armando Alberto Fioriti. Hugo Alfredo Fuentes. Mónica Susana González Bello. María Griselda Izurieta. Zulma Araceli Izurieta. Víctor Eduardo Oliva Troncoso. María Elena Peter. Cora María Pioli. Liliana Pizá.
 Leídos por el poeta Mario Ortiz, sus nombres fueron saludados con el grito de “¡Presente!” por las más de cien personas que colmaron las instalaciones de la Biblioteca Marasso y obligaron a trasladar el acto de homenaje al hall del edificio de 12 de Octubre y San Juan, donde se encuentra el Departamento de Humanidades de la Universidad Nacional del Sur.
Sus nombres ya estaban presentes en el edificio. La sala de la lectura de la biblioteca de Humanidades hace tiempo que deja ver en sus muros la lista de las personas desaparecidas o asesinadas durante la última dictadura militar. Son los nombres de estudiantes de las carreras que el departamento dictaba al momento de sus asesinatos o desapariciones.
El pasado lunes 13 de septiembre fueron recordados en un acto organizado por la Biblioteca “Arturo Marasso”, la dirección departamental de Humanidades y la Cátedra Libre de Derechos Humanos que ese cuerpo inauguró en 2006. Participaron familiares, amigos y ex compañeros de las víctimas de la represión estatal y paraestatal, y sumaron sus voces autoridades universitarias, docentes y estudiantes. Además, el artista plástico Jorge González Perrín expuso pinturas que retrataban a tres de sus compañeros asesinados o desaparecidos.

La cátedra
Matizados por los poemas leídos por la bibliotecaria Elena Bonora, cada uno de los oradores del acto tuvo el espacio para brindar sus impresiones acerca del acontecimiento.
Tras la presentación de Ortiz, la docente Fabiana Tolcachier refirió el interés que motivó la creación de la Cátedra Libre de Derechos Humanos y lo relacionó con la especial significancia que cobró el acto: “Creemos que es necesario empezar por casa. La institución debe saldar esa deuda que tiene con su propia comunidad departamental, que sufrió lo peor de los años de hierro”.
 “Reconocemos que este acto de memoria llega en forma tardía. Pasaron más de tres décadas, lo que evidencia que no resulta fácil enfrentar el pasado traumático y todo lo que pervive de la dictadura en cada uno de nosotros y en nuestras instituciones”, reflexionó Tolcachier antes de enfatizar la importancia que cobra, en tal sentido, el concepto de “memoria ejemplar”, esbozado por Teodorov.

El artista
Tres retratos imponentes decoraban el hall de Humanidades. Su creador, el artista Jorge González Perrín, se hizo presente para acompañar a los familiares y amigos de las víctimas en el momento del sentido homenaje.
“Muchas veces encuentro en las imágenes de otros artistas que sigue predominando el mensaje de terror. Yo, por el contrario, trato que estas imágenes rescaten de todos nuestros compañeros su aspecto vital, que los llevó a que en este momento lo estemos recordando. Esta es una energía que no termina jamás”, explicó sobre su opción artística a la hora de pintar.
Antes de expresar su deseo de que las obras moren en forma permanente en los pasillos del edificio, González Perrín recordó que “nuestros compañeros tenían como meta un país más justo. Ese es el mejor homenaje que les podemos dar”.

Emoción
Quizá la parte más conmovedora del acto se produjo cuando la docente Marta Garelli, profesora de varios de los estudiantes recordados, entregó a los familiares y allegados presentes las copias de sus legajos universitarios, cedidos por la Dirección de Alumnos y Estudio de la UNS.
Cerrado de esta forma el acto protocolar, se abrió el espacio para las manifestaciones espontáneas de los concurrentes. Entre los muchos recuerdos personales que emanaron tras el homenaje, merece destacarse el aportado por Marta Garrido, compañera de Hugo Alberto Fuentes. Garrido cursó junto a Fuentes buena parte de la carrera de Letras, e incluso prepararon y rindieron juntos la última materia. “Trabajábamos todo el día y estudiábamos de ocho y media a dos de la mañana. Un día, vino desesperado a contarnos que Cora Pioli había desaparecido. Estudiábamos con pocas ganas, pero teníamos que terminar la carrera. Y a poco de rendir esa materia, él desapareció”, narró.
A continuación, leyó un poema escrito por Fuentes. Estaba motivado en el cierre del Pensionado Católico que hasta 1975 funcionó en Zapiola 428, desalojo ocurrido porque “(las autoridades) tenían miedo de que fuera un ‘semillero’ subversivo”.
“Lo único que me quedó de él (por Fuentes) fue su portafolios, y su cuaderno con las anotaciones de Española II. Fue nuestra última materia”, recordó. Hugo Alfredo Fuentes no pudo recibir el título para cuyo ejercicio se había formado en la UNS de nuestra ciudad.

Palabra de artista
El artista plástico Jorge González Perrín conoce los pasillos que transitó en oportunidad de la presentación de sus obras. Estos cuadros, que es su deseo permanezcan en el lugar, retratan a estudiantes que fueron sus compañeros en su paso por las aulas de la carrera de Letras, entre 1971 y 1975. En ese año, González Perrín fue detenido y puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Por aquel entonces militante de la Juventud Universitaria Peronista, debió pasar largos meses en la prisión de Sierra Chica. Culminado el acto, el artista accedió a un diálogo con EcoDias.
Consultado respecto al clima imperante en la Universidad al momento de su ingreso al sistema, González Perrín resaltó la “euforia por lo que pasaba políticamente en el país” como un componente esencial para ilustrar la época. “Entramos a la Universidad con la convicción de que no podíamos hacer solamente beneficencia. Teníamos que cambiar el sistema”, afirmó. Para ello, el hoy artista plástico era miembro del Comité de Gestión previsto para el cogobierno de la casa de estudios.
Para el pintor, un punto claro de inflexión lo marcó la asunción de Remus Tetu como interventor de la Universidad. “Yo estuve a metros de donde mataron a Watu, que estaba repartiendo volantes. Pasé, lo saludé y hablamos. Cuando llego a cincuenta metros, escucho un disparo. Estaba muerto. Ese es un punto de inflexión”, reflexionó. Acerca de las cuestiones que lo motivaron a realizar las obras presentadas, el plástico atribuyó a “una necesidad personal” la creación de las mismas. Aunque añadió que “esa necesidad parece que se condice con la de cierto sector de la sociedad, que reivindica la relación entre arte y memoria”.

En su Día
El 13 de septiembre se conmemoraba, además, el día de bibliotecarios y bibliotecarias. La fecha resultó oportuna para que la dirección y el personal de la Biblioteca “Arturo Marasso” participara de la organización del homenaje a los jóvenes asesinados y desaparecidos por la dictadura militar y las fuerzas parapoliciales que la precedieron.
La bibliotecaria Elena Bonora leyó poemas alusivos de Alicia Partnoy y Olga Vallasciani.
“No me hablen de las puertas del infierno, yo estuve allí”, se escuchó en el acto de homenaje. Su autora es Alicia Partnoy, quien pasó por el centro clandestino de detención “La Escuelita”.

Autor: Redacción EcoDias