HOMENAJE A ANGELELLI Derechos Humanos

Fecha: Martes, 15 Agosto, 2017 - 00:00

Con el fuego hasta los huesos

Se recordó la obra y la impronta del obispo Enrique Angelelli en el acto homenaje llevado a cabo por las agrupaciones católicas y metodistas de la ciudad.

“Tratamos de vivir con alegría esta marejada que lentamente nos alcanza y que también podemos convertir en Pascua”, rescató Juan D’Amico, sacerdote católico al recordar testimonios de Angelelli. “Creo que la palabra encarnación cierra muy bien la vida y el compromiso de Angelelli, y otras palabras como cambio en el mundo, el hombre en el centro, magisterio de la Iglesia y Concilio Vaticano. Estas palabras marcan las preocupaciones, las motivaciones y los desafíos de Angelelli”, agregó en la apertura en honor al obispo asesinado hace 41 años, durante la última dictadura militar. “Algo había que decir de Angelelli, lo que él dijo es suficiente” cerró.

En la memoria de muchos

“Angelelli (en tiempo) presente”, la muestra recordatoria, giró en diversos espacios de la ciudad y cerró el día sábado con la exhibición de fotografías y textos del Centro Nueva Tierra.
Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz, recordó haber conocido al obispo en 1974, “nos íbamos en su coche a Chilecito”, agregó. “La pobreza cambia de nombre, pero en todos lados tiene el mismo rostro”, dijo trayendo a la memoria los recorridos ecuménicos realizados por el obispo y destacando la obra de “hacer caminar la palabra” como parte del aporte de Angelelli, “él tenía esa capacidad de escuchar a los otros, y después saber deducir, analizar por dónde ir”. Lo describió “siempre unido en el compromiso con el ser humano”.
La primera noticia que tuvo sobre la muerte de Angelelli llegó desde Barcelona el día 4 de agosto, al enterarse, dijo, “creo que lo mataron, era una intuición porque tenía muchas amenazas”. Los informes de la Iglesia llegaron con ambas hipótesis, una la del accidente y otra la del asesinato, “en ese momento acompañamos todo lo posible con oración, con todos los obispos presentes”.
Para Pérez Esquivel es muy importante el rescate de los mártires “no tanto para decir cómo murieron sino cómo vivieron, qué sentido profundo, ese compromiso profundo de abrazar la cruz, pero no un fatalismo sino un sentido de vida”. La pasión de Angelelli por unir la fe y la dimensión temporal en sus palabras se plasma en que “toca a las comunidades cristianas discernir a la luz de la fe los hechos y los acontecimientos de la vida diaria y buscarle soluciones”.
Según Pérez Esquivel quienes militan como lo ha hecho Angelelli en su labor en diversas comunidades religiosas contienen una alegría interna, “cuando vemos tanta miseria, tanta muerte, tanto dolor siempre hay una luz de esperanza, algo que nos mueve a seguir, a no renunciar, Angelelli esto lo sabía, como aquellos que dieron su vida”. Los mártires son elegidos afirmó, los definió con una entrega de vida y libertad de espíritu, “en eso hay una fuerza muy grande y ahí está la esperanza de los pueblos”.
“La paz no es carencia de conflicto. Unos la quieren silenciosa y silenciada para que no se contamine ni se manche con el dolor, la miseria material y de hombres concretos de nuestro pueblo, otras la quieren que sea fiel al Concilio, a las orientaciones del magisterio y que vaya logrando una renovación y los cambios implicados y exigidos por la letra del Concilio y del mundo, que tiene sed de Dios”, testimonió Angelelli, quien entendía los designios de su confesión y las cuestiones coyunturales del mundo.
“El hombre objeto de todas las preocupaciones del Concilio representa como también para la Iglesia riojana el centro de sus preocupaciones y afanes, no hablaba en el aire el hombre, aterrizaba constantemente. Quiere compartir sus angustias, esperanzas, debilidades y aspiraciones, el hombre se salva según la dimensión humana que da a su propia existencia pero no podrá alcanzar su plenitud sin Dios, un humanismo exclusivo lo deja trunco, poder tener a acceso a Dios hay que hacerlo a través de la humanidad, no hay otro camino”. En estas semblanzas espirituales, la figura de Angelelli alcanza el pensamiento claro, para él eran necesarias las luchas por “la superación de las desigualdades sociales, los esfuerzos para librarse de toda personalización, el hambre, la ignorancia, la miseria y el pecado, así como la toma más creciente de conciencia de la dignidad humana”.
“La paz es posible”, aseguró Pérez Esquivel, y se logra cuando “logramos establecer las relaciones humanas, la complexión en la diversidad y no en la uniformidad”. Un poema de Pedro Casaldáliga anuda al obispo asesinado con la historia nacional, “presente a nuestro ojos el Desaparecido (los desaparecidos)/ abierta la posada del Encuentro/ quizás en la penumbra/ cantando en nuestras bocas el vino/ de la Sangre/ nutriendo nuestra vidas el pan de la Promesa/ (Hay que seguir nomás por el/ reguero de tanta/ sangre, Enrique).

Autor: Redacción EcoDias