PARA VER Y CONSIDERAR Cine

Fecha: Martes, 20 Marzo, 2018 - 00:00

Caras, pueblos

El nuevo largometraje de “La abuela de la Nouvelle Vague” sigue cosechando elogios y premios.

Es una buena noticia que Visages, Villages (2017), codirigido por la fotógrafa y directora Agnès Varda y su joven colega JR, haya sido uno de los candidatos al Oscar a mejor documental, no tanto por el premio en sí como por la oportunidad de que un trabajo tan personal y pequeño obtenga publicidad y llegue a más público.
En noviembre pasado, en una de las entregas previas con la que la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood intenta acortar la ceremonia central, Varda recibió un premio a su larga trayectoria, que recibió con un encantador discurso -puede verse subtitulado en Youtube- en el que estuvieron los usuales agradecimientos, pero también una especie de declaración de principios de su estilo, basado en una temprana elección de la ligereza antes que la gravedad.
De hecho esa falta de gravedad, desborde de creatividad y ternura es lo que vimos en la maravillosa Las playas de Agnès (2008), el documental en primera persona que la devolvió a los primeros planos de la actividad y parecía su canto de cisne.
Pero en 2015 se lanzó junto a JR a los caminos de Francia -es belga por nacimiento pero ha hecho toda su vida y carrera en el país vecino- en busca de las caras y los pequeños pueblos que menciona el título del documental.
La idea era hacer enormes fotografías a bordo de un hibrido de camioneta y cámara instantánea y convertirlas en murales a su paso, con la colaboración de los paseantes de buena voluntad.
Una especie de happening salpicado por diálogos, ocurrencias y las historias que van topando: la última habitante de un pueblo minero a punto de ser demolido; los trabajadores de una usina, los ojos cansados de la propia Agnès -en mayo cumple noventa años-, las mujeres de los estibadores en huelga, una cita con Jean Luc Goddard -viejo amigo y la figura más representativa de la corriente renovadora del cine que ella integró junto a su amado Jacques Demi-, que se convierte en el amargo punto culminante del film.
Ochenta y nueve minutos deliciosos en que dos personas de generaciones y mundos diferentes comparten su pasión por la vida y el arte, poniendo al género en un nivel angelado.

Autor: Silvana Angelicchio