PROPUESTAS Cultura

Fecha: Martes, 13 Junio, 2017 - 00:00

Bordar un libro

“Este libro es de bordado” la obra de la artista Aldana Tellechea se presentó en el Museo del Puerto de Ingeniero White. Entre repasadores, algunos también bordados, en una charla cálida e íntima, se revalorizó y se charló sobre el arte hecho por manos femeninas.

"Trabajo hace más de un año con el Museo del Puerto que tiene un archivo textil con materiales elaborados por vecinos de hace mucho tiempo, tiene un trabajo sobre la vida cotidiana que a mí me interesa muchísimo y además, ya había participado del primer número de la revista digital Boya 70. Hice un trabajo alrededor de un muestrario de bordado con el que cuentan, elaborado por una vecina que data del año 1900” cuenta Tellechea a EcoDias. “Elaborar ese artículo para mí significó un montón, empecé a investigar más de lo que venía haciendo de manera particular respecto a la historia del bordado y al mismo tiempo que escribía ese artículo ya había hecho este libro que edité en tela. A su vez, el contacto que hago con los chicos de Mala Letra, quienes editan el libro, ese contacto lo logra uno de los chicos que trabaja en el Museo del Puerto. Fue casi sin querer. Surgió así y creo que era el lugar para presentar el libro, además el prólogo lo realizó Lucía Bianco, jefa del área Cocina dentro del Museo del Puerto”.

Desde tiempos remotos

En Boya 70, publicación del Museo del Puerto, Tellechea vuelca el producto de su investigación: “Sobre finales de la Edad Media, ya cuando el bordado dejaba de producirse tanto por hombres (sí, los hombres alguna vez bordaron y mucho) como por mujeres dentro de los monasterios e iglesias, la modernidad y el nuevo orden global, económico y social, impuso una fuerte división no sólo de tareas asignadas a cada clase social, sino también a cada género. Mientras los hombres eran educados para mantener la estructura económica de cada familia a base de un trabajo rentado -y en el caso de las clases medias y altas, reconocido-, las mujeres eran educadas para ser, valga la redundancia, mujeres”.
Sin embargo, la artista trabaja como tallerista de bordados y arte textil. “En los talleres de bordado que doy he tenido alumnos varones y es genial lo que pasa, todavía hay mucho prejuicio respecto de que el arte de las agujas está únicamente encomendada a mujeres cuando hay hombres que se interesan por esos campos y los habitan, surgen unos momentos interesantes, preguntas y discusiones. Dentro del campo del arte tenemos una idea de quienes pueden y quienes no pueden practicar el arte de las agujas y es asombroso como a través de cierta incomodidad se rompen un montón de prejuicios machistas que venimos arrastrando hace siglos”.
El contenido del libro fue "complejo armarlo, porque termina arrastrando un montón de cuestiones que se están discutiendo, todas las cuestiones de género están cobrando visibilidad por fin”. Según Tellechea es uno de los tantos saberes que aún siguen invisibilizados como un productor de conocimiento, “justamente porque fue un lenguaje que desarrollaron mujeres durante muchos siglos, relegado al espacio doméstico, que ahora estén volviendo a surgir estos lenguajes, que se estén apoderando de otros campos de conocimiento como el artístico, es maravilloso y me interesa muchísimo investigarlo. Es como que termina abrazando una serie de cuestiones que me interesan, no solo el arte sino también porque termina muy involucrado con las luchas de género, el Feminismo, es un lugar donde se conjugan”.

Historia de mujeres

Escribir sobre el bordado es pensar la historia de las mujeres, “es pensar qué construcción de conocimiento hacen esas mujeres, y por qué muchas veces esas labores, esas tareas que son encomendadas a las mujeres por qué no son reconocidas como portadoras epistemológicas, como creadoras de conocimiento”.
Cómo piensa un autor a sus lectores, “al momento de escribirlo pensé en dos públicos diferentes, por un lado en el público que asiste a los talleres. A mí no me interesaba que circulara en un museo de arte o galería de arte, me interesaba que circulara en contextos de producción artística. Y a su vez, estuvo pensado para otros productores culturales que no necesariamente que practican el bordado como productores de obra, como un primer acercamiento. Qué pasa con este proyecto que ganó el Fondo Municipal de las Artes y le destinan cierto dinero para que se edite, cuál es el sentido de la edición de un libro de bordado, pensando en esas preguntas para responder en función de justificarlo”.
El bordado se está recuperando, si bien ha sido pensado como una actividad que ya no se practica, "se está recuperando de un saber que se desarrollaba por línea maternal, una aprendía a bordar porque se lo enseñaba la madre, era una labor de madre a hija, era un conocimiento que no se adquiría en universidades, en lugares académicos, eran del circuito doméstico y recuperarlos hoy es atender a esas mujeres que nunca aprendieron a bordar. Inclusive yo no aprendí por mi mamá o mi abuela, me topé con el bordado necesariamente estudiando, en mi último año de la carrera de Profesora de Arte tenía que cursar Textil, y fui con un montón de prejuicios y me encontré con un mundo que no era el que yo pensaba y obviamente me terminó gustando. Es un lenguaje que se perdió muchísimo y eso pasó porque las mujeres ganamos terreno en acceder a estudios universitarios, acceder al trabajo. Las mujeres bordaban porque pasaban mucho tiempo en el hogar, que se haya dejado de bordar quiere decir que se ganó terreno en otras cosas pero ese conocimiento que arrastraba el bordado se fue perdiendo”.
En cuanto a conseguir testimonios, Tellechea afirma que debe recurrir a mujeres de más de 80 años, “estas mujeres no son conscientes de lo que están diciendo respecto de sus derechos, pero cuando empiezan a hablar arrastran un montón de información que tiene que ver cómo se vivía antes, cuál era la posición económica de la mujer, cuál era la dependencia que tenía la mujer respecto del hombre y qué papel jugaba el bordado, que era una actividad que se hacía dentro de las casas, requería que esa mujer esté callada, sentada, muy involucrada con la castidad, con la maternidad porque lo hacían por amor, no porque tuvieran una remuneración económica. Se empiezan a generar preguntas en estos diálogos con estas mujeres que son testimonio en carne propia, que aprendieron a través de sus madres, que lo hicieron desde la niñez y que se alfabetizaron a través del bordado. Jugaba un papel importantísimo, aunque una la conciba como una actividad secundaria, si uno lo piensa a nivel corporal es fuertísimo, porque cualquiera que sea experimentado tiene esa sensación de ensimismado, muy metida dentro de la tela, la imagen es muy fuerte y termina englobando un poco cuál era la concepción de feminidad de esa época, esa concepción de mujer: callada, sumisa, entregada absolutamente a las tareas del hogar, elaborando y haciendo un montón de actividades sin remuneración económica”.
El bordado debe ser uno de los pocos lenguajes textiles que no tiene una función utilitaria, es una función estética, “es el embellecimiento de otra prenda que puede ser textil o puede ser hasta el embellecimiento de una tarjeta, hubo un tiempo que estaba de moda bordar tarjetas de papel”.

Autor: Redacción EcoDias