MIRADAS Cine

Fecha: Martes, 8 Agosto, 2017 - 00:00

Billy a medianoche

Cine.ar propone terminar los fines de semana de agosto con un cuarteto de clásicos de Billy Wilder.

No hay muchos directores que hayan podido o puedan presumir de dominar cualquier género y registro, de atraer al público y de conseguir buenas críticas, pero sin duda uno de ellos fue y será Billy Wilder.
Supo ser un dandy por su elegancia y conservó el diminutivo de su nombre gracias a una actitud de niño pícaro, que los años -vivió hasta los 95- no lograron cambiar.
Nació en 1906 en Sucha -una ciudad del desaparecido Imperio Austro-Húngaro que en la actualidad es parte de Polonia- y tempranamente eligió dedicarse al periodismo, porque sus hermanos mayores ya habían colmado la ambición de profesionales de su familia acomodada.
En la década del veinte se mudó a Berlín y allí comenzó a alternar la escritura informativa con la de guiones cinematográficos.
Curiosamente el primero en ser rodado fue El reportero del infierno (Ernst Laemmle; 1929) -donde él mismo hizo un pequeño papel- y llegó a escribir para los directores germanos más destacados, como Ernest Lubitsch, al que siempre consideraría su maestro y su guía.
Pero a principios de los años treinta, vio el ascenso del antisemita Adolf Hilter y como judío se apresuró a emigrar, primero a París y luego a Estados Unidos con la mirada puesta en Hollywood, que ya entonces era La Meca de la industria del cine.
Un exilio doble y doloroso porque debió dejar a su familia en Europa -su madre murió prisionera en un campo de concentración nazi- y como escritor, porque debió empezar de cero escribiendo en otra lengua.
No obstante eso, a un año de su llegada a Los Ángeles ya se filmaban regularmente sus guiones, que a lo largo de su carrera fueron más de setenta, en solitario o más comúnmente con uno o varios colaboradores, que no solían durarle mucho.
En 1942 también empezó a dirigir, no tanto para tener control total de sus escritos, como para poder compartir los sets con actores y técnicos, algo que disfrutaba más que la escritura, que le parecía la parte más ardua de su trabajo.
Y dejando de lado algunas anécdotas sobre las órdenes cortantes que daba con el fuerte acento alemán que siempre conservó, parece que actores y técnicos también amaban rodar con él.
Porque todos sabían que la ironía e inteligencia que caracterizaban sus tramas se convertían en entradas comparadas por miles de espectadores y en premios entre los que por supuesto no faltaron los Oscar.
Afortunadamente, en agosto el canal de cable Cine.ar -ex Incaa TV- dedica su ciclo Trasnoche Internacional a cuatro de sus largometrajes más admirados:
El ocaso de una vida (Sunset Boulevard; 1950), un drama con Gloria Swanson como una diva del periodo silente que quiere volver el tiempo atrás en su carrera y su vida, gracias al amor del joven y ambicioso escritor interpretado por William Holden.
Una trama que además de la relación despareja entre los protagonistas hace cine dentro del cine y muestra el costado más mezquino de Hollywood, con un secundario inolvidable del director Joseph Von Stroheim que le suma veracidad y misterio.
Una Eva y dos Adanes (Some like it hot; 1959), alocada comedia de enredos ambientada a finales de la década del veinte, con Jack Lemmon y Tony Curtis travestidos como integrantes de una orquesta de señoritas para evitar la persecución de un grupo de mafiosos.
Aunque no pueden evitar derretirse por la rubia que toca el ukelele, interpretada por Marilyn Monroe y eso se convierte en un riesgo para mantener sus falsas identidades.
Un clásico que se mantiene en lo alto de las listas de mejores films de la historia del cine y en un merecido primer lugar de las del género de comedia.
Piso de soltero (The apartment; 1960), comedia dramática con Jack Lemmon como un oficinista gris y anónimo, que presta su pequeño departamento para las citas extramaritales de sus jefes con la esperanza de ascender en la empresa y en vez de eso obtiene una relación algo equívoca con una de las amantes, interpretada por Shirley McLaine.
Ganadora de cinco Oscars: mejor director para Wilder, mejor guion original a medias entre Wilder y I. A. L. Diamond, mejor montaje y mejor escenografía -o dirección de arte como la categoriza la Academia- y el premio mayor como mejor largometraje del año 1960.
Y ultima pero no en importancia, Irma la dulce (Irma la douce; 1963), una comedia entre romántica, dramática y musical protagonizada por Shirley McLaine -originalmente el rol fue pensado para Marilyn Monroe- como una bondadosa prostituta que cautiva al ex policía interpretado por Jack Lemmon, indiscutible favorito del director.
Una cita grata para cada domingo a la medianoche y repeticiones cuyo horario puede consultarse en la web del canal: http://tv.cine.ar/programacion/.

Autor: Silvana Angelicchio