MIRADAS Cine

Fecha: Martes, 27 Noviembre, 2018 - 00:00

Bergman centenario

A cien años del nacimiento del director sueco que dejó su sello en la historia del cine.

Este año Ingmar Bergman hubiera cumplido un siglo y es uno de esos casos en que la efeméride vale la pena, no por el fetiche del número redondo, sino por su filmografía de casi setenta títulos.
Nació un 14 de julio de 1918 en Uppsala y en su infancia presidida por una madre tierna y un padre muy estricto hubo un regalo que lo fascinó y marcaría su destino: una linterna mágica o pequeño proyector, que primero disfrutó con los dibujos que traía el artilugio pero rápidamente comenzó a usar con sus propios diseños.
En su juventud estudió literatura, pero paralelamente se convirtió en un cinéfilo y de esa mezcla surgió un artista plural que a lo largo de su carrera escribió tanto guiones como piezas de teatro, que el mismo dirigía y la mayor parte de las veces producía.
Sin temor a exagerar, podría decirse que siempre lo impulsó el deseo de investigar el alma humana y su obra trasunta el angst existencial, con un estilo visual siempre cercano -close ups- a sus personajes.
Por ello fue admirado, premiado -obtuvo el Oscar a mejor film extranjero representando a Suecia con La fuente de la doncella (1960), Detrás de un vidrio oscuro (1961) y Fanny & Alexander 1982- y en menor medida denostado.
Durante este año se han sucedido las retrospectivas y reediciones de su obra, los tributos a su figura, las notas en diferentes medios especializados de todo el mundo y hubo uno muy particular durante la reciente edición del Festival de Mar del Plata.
Además de la proyección de ocho de sus largometrajes, se presentó un libro que recupera artículos y material fotográfico sobre el director. Algo que se basa tanto en la admiración, como en la leyenda que asegura que aquí en Argentina se estrenaban y aclamaba sus trabajos -en la década del sesenta y setenta en particular-
como en ningún otro lugar. Desde que en 1959 ganara el Gran Premio a Mejor Película Internacional en el Festival de Mar del Plata con Cuando huye el día (1957).
Lo seguro es que Bergman es un artista que merece el tributo y que su obra se siga viendo.
Esto último no es para nada complicado, porque sus títulos clásicos están editados en alta calidad, la programación de los canales de cable dedicados al cine -en particular Europaeuropa- suelen tener alguno en su rotación y lo mismo pasa en diferentes servicios de streaming.
Y como incentivo y en orden cronológico, siete destacados: Un verano con Mónika (1953). “Un film sobre sentimientos jóvenes. Audaz, franco, Impactante!” rezaba el lema publicitario del estreno sueco de esta trama agridulce.
Harry de diecinueve y Monika de dieciséis se enamoran, dejan todo y a todos de lado y se van a pasar el verano en una isla, pero a la vuelta la relación se pone más formal y eso a ella no le cuadra demasiado.
Un romance reflejado con más piel expuesta de lo que la moral del momento aceptaba y eso contribuyó a que decir “película sueca” tuviera cierto matiz sexual.
Cuando huye el día (1957). El título original se traduce como “Frutillas salvajes” o “Fresas salvajes”, pero localmente se cambió vaya a saber por qué razón.
El protagonista es un profesor septuagenario y solitario -interpretado por el director y actor
Victor Sjöström, que emprende un viaje de varias horas y en el trayecto repasa su vida.
La fuente de la doncella (1960). Bergman de época.
Una historia de envidia, muerte y venganza ambientada en la Edad Media y la quinta de las once colaboraciones con Max Von Sydow.
La doncella del título es violada y asesinada por unos criadores de cabras, que tiempo después se cruzan con los padres de su víctima.
Persona (1966). Uno de los dramas femeninos e intimistas que caracterizarían la filmografía del director.
Aquí Alma es una joven enfermera que está al cuidado de Elizabeth, una actriz que ha perdido el habla.
La chica llena los silencios con sus problemas y confiando sus secretos hasta que percibe algo perturbador.
Gritos y susurros (1972). Agnes agoniza en su mansión rural y sus hermanas Karin y María la acompañan, pero esconden su miedo con rencillas y reproches mutuos. Sólo la criada parece tener la capacidad de confortarla.
Un drama clásico rodado en una sola locación, donde las cuatro actrices vivieron confinadas como sus personajes y con un inconfundible y simbólico uso del color.
Sonata de otoño (1978) Reunión cumbre entre dos casi homónimos, ya que la protagonista de este film fue Ingrid Bergman en su último rol para el cine y de vuelta a su lengua materna.
La gran actriz interpreta a una pianista excepcional pero madre ausente, que visita a su hija mayor -Liv Ulmann- y se entera que ha contrariado una decisión suya respecto de su hermana enferma. Algo que tensa la relación y al mismo tiempo las obliga a expresar sus sentimientos.
Fanny & Alexander (1982) Los niños del título disfrutan de una infancia feliz y una familia grande y cariñosa, hasta que la muerte de su padre primero y el posterior matrimonio de su madre con un hombre autoritario cambian eso de manera radical.
Un fresco de los primeros años del siglo XX, con varios puntos de contacto con la biografía del director y 188 minutos de duración en su versión estrenada comercialmente.
En conjunto, los grandes temas humanos -amor, muerte, soledad, religión- a través de la mirada de un maestro.

Autor: Silvana Angelicchio