INCLUSIÓN Instituciones

Fecha: Martes, 31 Julio, 2018 - 00:00

Autovalimiento

Desde la edición anterior compartimos las tareas que se llevan adelante en un espacio local: la rehabilitación para ciegos y disminuidos visuales es la prioridad del Centro Luis Braille, trabajo interdisciplinario de un equipo profesional comprometido con la comunidad.

“Constituimos el equipo necesario para una rehabilitación integral, también trabajamos con el Taller Protegido, que exige el Ministerio de Desarrollo Social, ente del que dependen los talleres protegidos”, introduce la profesora Carlota Elizari, directora del Centro Luis Braille, nexo entre la comisión directiva de la institución, Biblioteca Popular y Taller Protegido. El equipo técnico está conformado por psicóloga, trabajadora social, profesor de ciegos, terapista ocupacional, profesora de lectoescritura Braille y profesor de computación.

Procesos
“El primer punto es entregar una ficha a la persona, que asiste con un familiar o cercano, la misma debe ser completada por un médico oftalmólogo. Luego, una vez entregada, lo incorporamos a la lista de espera, cuando tenemos adjudicado su turno realizamos una reunión de admisión, en ella conversamos junto con los otros integrantes del equipo y la persona a ingresar. Nos interesa conocer su dinámica familiar, su trabajo, su situación social. En ese momento, también explicamos lo que hacemos para que cada uno entienda que las actividades propuestas deben realizarse en forma conjunta para lograr una rehabilitación total”. El camino comenzó, el proceso se puso en marcha, duelos y nuevas trayectorias surgen en compañía de adultos, jóvenes y profesionales.
Se respetan los ritmos y tiempos de la persona, sin embargo, está bien pautado el recorrido para el logro de avances “en todos los aspectos de su vida”. Los horarios se pautan en forma coordinada, “lo hacemos para que no vengan solo por una actividad, después de lo cual, comienza el tránsito por la rehabilitación”. Cada avance logrado se convalida con un egreso de la misma, aunque hay áreas con continuidad, como son Educación Física, talleres recreativos, que “son actividades libres para quienes están ya rehabilitados o están en vías de un buen logro, que ya están logrando una gran motivación y una aceptación de la discapacidad”. En estas propuestas hay que estar dispuestos a compartir en grupo, donde no se habla demasiado de la discapacidad sino que están orientados a otros fines, como el Taller de la Memoria.
El trabajo con adultos es complejo, una vez realizada la tarea cotidiana dentro del Centro, “difícilmente tenga la motivación de salir, entonces, las actividades logran que no se recluyan, que estén sentados o acostados, que es muy malo para una persona ciega”. El duelo de la pérdida de la vista es variable, “algunos tardan más, otros menos, algunas personas se lamentan de haber estado muchos años sin realizar la rehabilitación y una vez que la logran pueden terminar de elaborarlo; hay que llegar a decir ´toqué fondo, esto soy ahora, y con esto tengo que trabajar y lograr una mejor calidad de vida, lo que pueda hacer es para mejorar y estar bien´; también hay gente que no lo asume nunca, por eso tratamos de acompañarlos con la psicóloga”.

Diversas realidades
La directora destaca que actualmente hay muchas personas rehabilitadas que han logrado continuar sus estudios a nivel secundario y universitario, también quienes han logrado llevar adelante un trabajo. “En Bahía Blanca, no se da tanto, en otros puntos del país, las personas ciegas tienen trabajos competitivos, sabemos que no es fácil frente a la discapacidad visual, el mundo no está adaptado, hay mucho por hacer en la ciudad”, agrega.
Las reuniones e intercambios para informar los avances y las trayectorias son coordinados cada 15 días con el supervisor del Taller Protegido, y cada 15 días con los integrantes del equipo técnico. “Vemos la marcha de cada persona, cómo está funcionando dentro de las actividades, si hay algún problema, generalmente, cuando una persona presenta un problema en un área se manifiesta en otras. A veces, la ceguera es secundaria a la situación social, entonces se ve cuál es la contención familiar, la falta de trabajo o de una pensión, cuestiones muy graves que van mucho más allá de la discapacidad, que no resulta en estos casos, lo fundamental. Estas carencias generan mucho malestar y hay que trabajar con ellas para después hacer viable la rehabilitación”. El logro de la rehabilitación depende de muchos factores: la edad, la situación personal, patologías que se agregan o no, “en 3 meses es posible egresar de Actividades de la vida diaria, en 8 meses de Orientación y movilidad, en estos casos es variable, muchas mujeres se adaptan mucho a moverse solas en su casa y realizar tareas, y en el otro caso, quienes están acostumbrados a moverse mucho y están estudiando realizarán un trabajo distinto a un adulto mayor, que necesitará de un bastón para poder orientarse en el barrio o ir del brazo de su mi hija o hijo, marido o mujer, o ir al médico en automóvil, el trabajo es diferente. La asistencia es un factor, si cuentan con alguien que los acompañe a Braille en los primeros tiempos es bueno, ya que son momentos difíciles para manejarse solos. “Es muy diferente el resultado de la rehabilitación en una persona que está acompañada por su familia, que acepta el bastón como un elemento que ayuda”. Este objeto, en muchas ocasiones, muestra, materializa la discapacidad visual, “si tengo un bastón blanco es porque no veo o veo poco, por eso, muchos no lo aceptan”.
El bastón verde fue creado por la profesora Perla Mayo, “es una creación argentina, muy bien aceptado por unos, otros se han visto complicados, porque la gente no sabe de qué se trata y no sabe si ayudar o no ayudar, no se sienten seguros, por lo tanto, algunos han vuelto al bastón blanco”. La controversia social está basada en el desconocimiento de la disminución visual y la creación de un objeto que distinga a los ciegos de las personas que se encuentran en otros procesos de pérdida de visión, “se los cuestiona, en lugar de ponerse en el lugar del otro, y tratar de entender que nadie va a salir con un bastón blanco o verde para pasarla bien”. Las personas que cuentan con baja visión se muestran complicados a la hora de la rehabilitación, “nunca se sabe cómo van actuar, incluso personas que tengan la misma agudeza visual reaccionan de otra forma, hay un montón de factores que afectan y dan como resultante que se tenga mejor campo visual, la capacidad para moverse, la memoria, son algunos de los factores que varían de persona en persona”.
En el Taller Protegido contienen 33 personas y en rehabilitación el cupo asciende a 27, “estamos siempre en forma dinámica en este último caso”. Suelen requerir más tiempo la enseñanza de la lectoescritura en Braille o el taller de computación. Uno de los grandes sueños de los profesionales es el Centro de Día, “que acompañaría el proceso de rehabilitación, e impediría que los adultos vuelvan y se queden sentados o acostados al regresar a sus casas, esto afecta mucho su estado de ánimo, también influye en llevar adelante la recuperación”.

Autor: Redacción EcoDias