PARA VER Y CONSIDERAR Cine

Fecha: Martes, 28 Noviembre, 2017 - 00:00

Aprobar raspando

De qué se habla cuando se habla de la prueba Blechdel/Wallace.

Ese suburbio de Los Ángeles llamado Hollywood tiene una influencia que está lejos de ser nominal en el cine, ya que los productos de la industria asentada allí a principios del siglo pasado se imponen gracias a su rienda corta en la distribución internacional.
El público puede no ser consciente de que le están contando las mismas historias con raras tecnologías nuevas y se atraque feliz con su balde de pochoclos, pero también es permeable al signo de los tiempos y podría disgustarse por ejemplo cuando actrices, guionistas, productoras y directoras se quejan sobre la brecha de género o la manera en que se presenta a los personajes femeninos.
Así que a pesar del axioma eterno de que los films con o sobre mujeres no venden, lentamente la industria está tratando de mejorar un poco las cosas, por ejemplo: rodando el primer film protagonizado por La mujer maravilla, que fue dirigido por Patty Jenkins y obtuvo buena repercusión.
Aunque la diferencia entre el sueldo de un hombre y una mujer por hacer el mismo trabajo -detrás o delante de las cámaras- permanece, el porcentaje de guionistas y directoras sea minoritario y todavía la única mujer que consiguió un Oscar a mejor dirección -Kathryn Bigelow por The Hurt Locker (2008)- es elogiada por “rodar como un hombre”.
Y en este presente de escándalos por acusaciones de acoso y abuso como los del productor Harvey Weinstein es curioso que una de las herramientas de evaluación de las tramas sea el Test Blechdel.
La prueba nace en 1985 en la tira cómica “La regla” de la historietista estadounidense Alison Blechdel, donde una amiga comentaba a otra que no veía ninguna película que no tuviese al menos dos mujeres en el reparto, una escena donde hablen entre ellas y que el tema de su conversación no fuera un hombre.
Un sarcasmo que comenzó a usarse en listas de films que era más o menos discriminatorios, dando a la autora -que compartió el crédito con Liz Wallace- casi tanta notoriedad como su trabajo.
Más de treinta años después muestran que la mayor parte de los films siguen sin cumplir esa premisa mínima, aunque sería poco serio tildar de machista a títulos como Fuga en alcatraz (Don Siegel; 1979) ambientados en una cárcel masculina o por no ver que otros cumplen por tener una escena donde una mujer le pide la hora a otra.
Que la brecha de género persiste es tan evidente como que esta prueba poco estricta, no obstante eso, invita a reflexionar sobre la manera de representar a la mitad de la humanidad en el material audiovisual y eso constituye un avance.

Autor: Silvana Angelicchio