CONFERENCIA Interés general

Fecha: Martes, 29 Agosto, 2017 - 00:00

Aprender a ser más humanos

El licenciado Santiago Kovadloff brindó una conferencia para plantear cuáles son los desafíos de la cultura del siglo XXI y analizar los elementos que la componen, cuestionan y fundan.

Kovadloff, filósofo y ensayista, rescató en su conferencia del 15 de agosto en el Teatro Municipal, cuatro elementos fundamentales: la naturaleza, el progreso, el conocimiento y la globalización, aristas que abren la puerta para analizar los problemas más urgentes del tiempo presente.
“Durante centenares de miles de años, la naturaleza fue el contexto en el cual el hombre luchó para abrirse un espacio propio, podemos decir que la cultura consistió durante muchísimo tiempo en robarle protagonismo a la naturaleza para que el sujeto humano lograra protagonismo”, reflexionó. “La cultura era la posibilidad de alterar la hegemonía de lo natural en favor de lo humano”, esto sucedió especialmente en la Modernidad, en el siglo XV y XVI, comienza un período donde la explotación de los recursos naturales va ganando en forma ascendente hasta llegar a la era industrial. “La explotación generalizada de recursos naturales le permitió durante mucho tiempo a Europa obtener de América todo lo aquello que garantizaba su opulenta existencia”. Durante el siglo XIX y XX, el protagonismo de la naturaleza se revierte, “al punto que hoy, en los últimos 60 o 70 años, la pregunta es si la naturaleza puede tener algún lugar en el mundo humano, ¿es aún posible la naturaleza?”, interrogó. Si se analiza el desarrollo exacerbado del humano, se puede observar el efecto de esta acción en el contexto natural: contaminación sonora, contaminación del aire, extinción de especies, alteración del clima, entre otras dolencias medioambientales.
La situación ha sido mencionada por los representantes de las grandes naciones industrializadas. “El siglo XVIII tuvo sus problemas, en el XIX y XX son los efectos de lo industrial, hoy estamos ante un ultimátum y ante una paradoja”, el primero está marcado por el cálculo de 3 décadas de subsistencia en el planeta y la segunda vuelve a ser una pregunta: “¿el hombre será capaz de llevar adelante esta transición en cuanto a la explotación de recursos ambientales a favor del que el planeta sea oído en su agonía?, esto requerirá que lo escuchemos como ser vivo y no solo como objeto de dominio”. El pensador replantea la cuestión para decir si la cultura de nuestro tiempo podrá entender el desafío que implica preservar la naturaleza. El planteo tiene que ver con no querer resignar producción por naturaleza, sin embargo, la naturaleza estaría cumpliendo sus tiempos más allá del dinero. “Este es un desafío nuevo, por primera vez en la historia de nuestra especie el hombre tiene que escuchar el concepto de tiempo, que no es el que fija él sino el que se le fija a él”. En la línea argumentativa, Kovadloff asegura que no desparecerá el planeta, pero “nos las veremos muy mal para permanecer, lo que hagamos con ella nos pasa a nosotros, no es un tema local”.

Progreso

Una palabra significativa en el pensamiento racional, “ha sufrido alteraciones muy profundas en cuanto a su significación y contenido”. El concepto indicó e indica una noción de “avanzar resolviendo problemas, progresar entonces es dejar atrás dificultades”. La física y sus descubrimientos aporte una modificación importante en su concepto y entiende que progresar “es resolver un problema y descubrir el problema que esa solución genera”, por lo tanto el escenario cambia a problemas inéditos. Esto requiere dos aptitudes: una resolutiva y otra de discernimiento en la captación de problemas generados por esa solución.
“En el orden personal es muy interesante, como papás se dice: yo quisiera que mi hijo no tuviera ningún problema. Una persona aproblemática es un difunto adelantado” aportó con ironía, “mejor que haya drama”. Cada edad aporta un repertorio problemático, “que pueda ser discernido característico del momento que se vive, una persona crece y madura si cambia, si renueva su repertorio problemático”. Con nuevos problemas surgen nuevas formas de encararlos, “a veces lo novedoso tarda en llegar porque estamos anclados en problemáticas previas”.

Conocimiento

El planteo acerca del conocimiento se resolvió durante siglos con la Teología, “se la estimaba como forma primordial del conocimiento porque estaba vinculada a las formas fundamentales de la formación de las personas”. En la Modernidad se planteó una razón independiente de la fe, “que se movía en lo que se llamó la racionalidad, junto con ella nació la ciencia, estimada después como la disciplina verdaderamente significativa de lo que representaba el saber, pero a medida que la ciencia se ha ido desarrollando descubrió ciertos límites fundamentales, que implica que monopolizar el saber no es posible, no se trata de saberlo todo sino de ampliar el saber humano con ese conocimiento, el alcance de lo que se sabe”.
El saber no debería ser sacralizado aportó Kovadloff. Uno de los ejemplos analizados por el especialista es el de la medicina, “muchas veces la necesidad de atender un mayor número de pacientes en menos tiempo hace que el cuidado de la subjetividad y cuidado se incline hacia la enfermedad y no hacia el paciente que la sufre, fatalmente, el sufrimiento entendido como posibilidad de expresión por parte de quien lo padece está limitado a la atención concreta de lo que podríamos decir el hígado inflamado de la habitación 209”.
En cuanto a las percepciones, afirmó que el concepto de muerte se modificó en la sociedad actual, “ha dejado de estar asociada a un fallecimiento público, los cementerios se convierten en auténticos jardines, no hay la visión habitual de los cementerios que están asociados fundamentalmente a la pérdida, sino que pasan a ser lugares gratos, donde estar no está de más”. Así también, el hecho del envejecimiento que desembocará en la muerte ha perdido peso, “hoy conocemos a la vejez con la experiencia que implica la posibilidad de vivir más años y la creciente pérdida de significado de la mayoría de edad, las personas de más de 60 años, pasa a ser alguien intranscendente, porque nuestro tiempo ha escurrido en la apología de lo juvenil, inverso a la sacralización que tenía la edad en otros momentos. Está prohibido tener canas, nadie debe tolerar sus arrugas y es impensable que el lema se te ve como siempre, no aparezca”.

Globalización

El licenciado advirtió que hubieron “por lo menos, seis globalizaciones, asistimos a la última”. La primera fue marcada por el mundo romano, “Roma instaura la idea de la ciudad que está en todas partes, Roma es la totalidad de su imperio, se está en Roma cuando se está en cualquier parte del imperio”, esto desplazó el centro a la periferia. La segunda llegó con la fe cristiana, “la idea de la universalización de la fe, más allá de las dimensiones territoriales, de las dimensiones pasionales, más allá de la noción de sexo”.
El ciclo de los descubrimientos en el siglo XIV aportó una tercera globalización, “el Nuevo Mundo aparece como proyecto del Viejo Mundo y los nombres del Nuevo que lo caracterizan están impuestos por la nomenclatura del Viejo que los domina”. La Revolución Francesa extiende la noción de ciudadanía, “tomando desde el Cristianismo la idea, ciudadano es todo hombre por el hecho de serlo, no se trata de un título sino de una condición”. La era industrial introduce la globalización a través de la mecanización fuera del espacio particular, “la industrialización se extiende en el mundo llamado desarrollado, en todas partes hay locomotoras, fábricas, nuevas formas de trabajo y nuevas formas de generar valor”. Por último, la más nueva y reciente, la globalización tecnológica, “esta que permite que uno esté en ningún lugar y en ningún tiempo”. La globalización plantea el desafío de que los pueblos reivindiquen sus diferencias y luchen por no desdibujarse en las culturas más hegemónicas, “no quedar subsumidos en la neutralidad tecnológica, que ella esté al servicio de estas diferencias”.
¿Qué buscamos los humanos de este tiempo? ¿Dónde queremos llegar? “Somos seres temporales, saber que nuestra finitud no implica que la muerte nos aguarda sino que vivir es estar muriendo pero en el sentido de que pagamos con tiempo el tiempo que ganamos o perdemos. Somos tiempo, somos espacio, no da lo mismo vivir en un lugar que en otro” afirmó. La tecnología podría permitir que las desigualdades vividas en diversos lugares los conviertan en lugares dignos de ser vividos, “el desafío primordial de la cultura de este siglo es aprender a ser más humanos”.

Autor: Redacción EcoDias