Genocidas Derechos Humanos

Fecha: Lunes, 11 Julio, 2011 - 10:59

Abuelito dime tú

En su tercera y cuarta jornada, el juicio por crímenes de lesa humanidad comenzó a tener nuevos protagonistas: los supuestos malos estados de salud de los represores.
“El laucha” Corres seguirá sin asistir a las audiencias y se encuentra momentáneamente suspendido del juzgamiento. A Mansueto Swendsen “le faltó el aire”, mientras que los abogados defensores también pidieron por la salud de todos los imputados.

El juicio a 19 represores por crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura militar en Bahía Blanca, entró en su segunda semana. El pasado martes 5 de julio de 2011, se llevó a cabo la tercera audiencia en el Aula Magna que la Universidad Nacional del Sur en Colón 80. Obviamente, la intensidad y la ansiedad que se notaba ante la llegada del juicio, comenzó a bajar y eso se ve en que la calle no es la misma que en aquel primer día. El juicio se lleva adelante martes y miércoles, en horarios en que la gente trabaja o estudia y por ende no puede asistir al recinto como tal vez quisiera, y mucho menos hacer el aguante desde afuera. Sí, estuvieron, como es costumbre, familiares y amigos de víctimas del genocidio y también algunas caras que suelen verse en situaciones como éstas, dando muestras de apoyo e interesándose por el tema.
Se pueden ver, todo el tiempo que duran las jornadas judiciales, las banderas que representan a la Comisión de Apoyo a los Juicios y otras, entre ellas una con gran cantidad de fotos de desaparecidos. Las mismas están atadas a las vallas de seguridad, a la vista de cualquier vecino que transite por la primera cuadra de avenida Colón.
En materia periodística el juicio va perdiendo cierto interés a juzgar para la escasa cobertura de los medios de comunicación de la ciudad. Únicamente tres participaron del inicio de la tercera audiencia, mientras que fueron dos los que estuvieron en la cuarta, pese a que hubo circulación de alguna noticia importante de la audiencia en algunos portales de Internet pese a que no estuvieron presentes. En el caso de la televisión, los canales suelen darse una vuelta por Colón 80 durante el transcurso de la mañana y la tarde para grabar móviles respecto a lo que está sucediendo.

Día 3
La audiencia del martes tuvo un comienzo especial. Primero se hizo mención al represor Miguel García Moreno, quien se encuentra prófugo y para quien se revocó la excarcelación. Y luego se pasó a la situación de Julián “Laucha” Corres quien no asistió a ninguna de las jornadas debido a su presunto mal estado de salud. Ni bien iniciado el tercer día de juicio, se habló justamente acerca del imputado y de su imposibilidad de presenciar su juzgamiento. Se dijo que se encuentra internado en el Hospital Militar de Capital Federal, habitación 206, acompañado de su esposa, que una laparotomía exploradora realizada el 30 de julio de 2010 detectó una adenocarcinoma de estómago irresecable y que posteriormente se le efectuó una yeyunostomía de alimentación; cáncer, en definitiva. Se señaló que Corres está haciendo sesiones de quimioterapia y que se lo considera un paciente terminal con respuesta parcial. Se dijo que presenta mal estado en general y pobre estado nutricional pesando 54 kilos, pero que a la vez está hidratado, lúcido y colaborador con el interrogatorio. Corres, se describió, conserva su autonomía psíquica y su aptitud para comprender los alcances del proceso. El informe fue firmado por el dr. Raúl Ferreres, médico forense, mientras que el doctor Marcelo Raposeiras quedó en enviar su informe por separado. Al mismo tiempo, un tercer médico no se presentó a la hora convenida por el tribunal para confeccionarlo. Por todo esto, se prosiguió, Corres se encuentra en condiciones de prestar declaración desde el hospital no pudiendo, por sus problemas físicos, afrontar el juicio.
Según palabras del juez Jorge Ferro, se resolvió la separación momentánea del juicio en el debate, solicitándose informes bimestrales sobre su evolución, manteniéndolo detenido como hasta el momento.
EcoDias dialogó con Walter Larrea, abogado querellante junto a Diego Czerniecki, para clarificar está situación. Larrea señaló que se debe hablar de suspensión y no de separación debido a que por “el artículo 365 del Código Procesal Penal, hasta tanto se cuenten con todos los elementos de análisis para determinar el grado de estado de salud del imputado, el tribunal tiene hasta diez días para suspenderlo momentáneamente pero esa suspensión evaluará después si se lo aparta del proceso o si se implementa algún tipo de mecanismo tecnológico tipo video conferencia como para que el imputado más allá de su situación de salud pueda ser anoticiado de la requisitoria fiscal y demás”.
Mientras dure la suspensión, no hay proceso contra Corres. Si la suspensión se levanta se le deben leer las correspondientes requisitorias fiscales para que todo siga con normalidad.
El fiscal Abel Córdoba hizo reserva de Casación ante la resolución adoptada, recurso que fue acompañado por la querella porque, inclusive, aún falta uno de los peritos que la misma querella ofreció como perito de parte.

Como en su casa
En la cuarta jornada del juicio, llevada a cabo el miércoles 7 de julio todo transcurría con normalidad. La secretaria del tribunal se encontraba leyendo una de las acusaciones, tal como viene sucediendo desde el primer día, hasta que pasadas las 10 de la mañana, el represor Jorge Enrique Mansueto Swendsen se levantó de su butaca y acompañado por un efectivo policial, subió al escenario y se retiró de la sala por uno de los laterales del mismo.
Para esto no pidió autorización alguna al juez.
Finalizada la lectura del caso que justamente involucraba a Mansueto Swendsen, uno de los abogados defensores informó que al represor le “faltaba el aire” y por eso necesitó salir. Adujo que esto se debió a que se estaban leyendo acusaciones que tenían a Mansueto Swendsen como protagonista y pidió un receso de 20 minutos hasta que se reponga, “por razones humanitarias”.
El receso fue otorgado por el tribunal, Mansueto Swendsen fue atendido por personal médico y a la vuelta al juicio se lo pudo ver en perfectas condiciones, muy locuaz y hasta de pie varios minutos hablando con sus abogados.
Al final de la primera parte de la audiencia, pudo observarse cómo caminaba casi libremente, cruzando el ancho del tribunal para pedir dialogar con un colaborador del tribunal, con quien habló durante algunos minutos. Este fue el comienzo de lo que parecen ser las artimañas que los genocidas de todo el país suelen poner respecto a sus supuestamente deteriorados estados de salud.
Nuevamente en juicio, otro de los abogados defensores, solicitó la palabra y pidió por la salud de los represores. Acerca de Mansueto Swendsen, pidió que se profundicen los estudios médicos pertinentes a los efectos de evaluar la conveniencia o no de su permanencia en el debate. Luego habló en nombre del represor Osvaldo Bernardino Páez para quien solicitó mayor celeridad para realizarle una revisación teniendo en cuenta, dijo, la precaria situación desde el punto de vista urológico y cardiológico que tendría.
Citó también al imputado Hugo Delmé quien padecería de hemorroides, y por último se refirió al acusado Héctor Goncálvez, quien sufriría una afección oncológica.
Para los cuatro nombrados así como para todos los represores, se solicitaron evaluaciones periódicas debido al “estrés permanente” que produce el traslado de un penal a la sala de audiencia, lo cual, afirmó el abogado, puede verosímilmente agravar la precaria situación de salud que presentan por su ancianidad.
Como respuesta, el juez Jorge Ferro señaló que la situación de estrés argumentada es la misma que vive cualquier detenido en cualquier punto del país por lo cual ese pedido no va a ser contemplado. Sin embargo, el tribunal aceptó que se efectúen revisaciones periódicas a los cuatro represores mencionados por el defensor.
Consultado sobre este tema, el abogado querellante Larrea señaló ante EcoDias: “Comentábamos con los colegas de la querella que este asunto de empezar a aparecer problemas de salud no era descabellado y así pasó. Confiemos en que el tribunal, yo personalmente confío, dé todas las garantías de atención de salud, pero además todo el rigor procesal para que no empiecen a haber chicanas de este tipo”.
A los 17 represores presentes en Colón 80, se los puede ver muy lúcidos, muy conscientes. Algunos durmiéndose durante la lectura de acusaciones, otros tomando nota de cada cosa que se dice. Están fuertemente custodiados pero ninguno se retira esposado, e incluso alguno se va de la sala sin solicitar autorización. Gozan de todas las garantías procesales para su juzgamiento. Sin embargo, ya empezaron a pedir clemencia por su ancianidad. La fábula del abuelito…


Autor: Redacción EcoDias