Juicio a los represores Derechos Humanos

Fecha: Lunes, 28 Noviembre, 2011 - 20:35

“Y todo quedó en la nada”

En la audiencia del martes 22 de noviembre de 2011, testigos declararon por los asesinatos de Andrés Lofvall y Stella Maris Iannarelli además de mencionarse también el secuestro y homicidio sus respectivas parejas.

Andrés Lofvall rondaba los 20 años cuando vino a Bahía Blanca a estudiar para ser Técnico Mecánico, proveniente de Punta Alta. Andrés había sido militante de la Unión de Estudiantes Secundarios y vivía en un departamento junto a Carlos Illacqua. A su vez, estaba de novio con Nancy Cereijo con quien iba a casarse en poco tiempo. Sin embargo, los genocidas terminaron con sus vidas y con los sueños de todos.
Su hermana, Lidia Lofvall, tenía 13 años cuando el 3 de febrero de 1977 fue junto a sus padres al departamento de Andrés a visitarlo: “Mi mamá siempre le hacía comidas y le llevaba”,contó Lidia al tribunal que juzga a 17 represores al tiempo que agregó: “Paramos en la vereda, mi papá bajó porque a veces los chicos estaban en ropa interior,y como estaban en su casa bajó mi papá primero para ver si podíamos entrar y tardaba mucho. Esperamos con mi mamá, yo recuerdo que tenía una fuente de ravioles sobre mis piernas en el asiento trasero del auto y después de esperar un buen rato salió mi papá”.
En ese momento, personas de civil, entraban y salían de la vivienda. Adelante del departamento de Andrés, vivía la dueña de casa y Lidia pensó que los civiles eran familiares de ésta o amigos del hijo pero la historia era otra: “Al rato sale mi papá y salen dos personas con ametralladoras en la mano. Algunos subieron en un Falcón que estaba más adelante estacionado, y otros dos subieron en el auto de mi papá al lado mío, con sus ametralladoras sobre las piernas apuntándome hacia mí”.
Desde allí fueron dirigidos al V Cuerpo de Ejército en donde la familia de Andrés permaneció en una sala durante dos horas “mientras ellos tomaban mate, se reían y demás. Nosotros ahí angustiados esperando alguna respuesta porque no sabíamos qué era lo que había sucedido con mi hermano, nadie había dicho nada”.
Lidia luego se enteró que el departamento de su hermano había sido totalmente baleado. La respuesta sobre el paradero de Andrés fue que estaba prófugo y que lo andaban buscando. En realidad, Andrés habría estado secuestrado en “La Escuelita”
Luego de esa respuesta comenzó la búsqueda de la familia. El papá de Lidia, militar retirado, intentó a través de conocidos de la Marina lograr algún tipo de ayuda: “La búsqueda fue inútil”, declaró Lidia: “Los conocidos que tenía en Marina le dieron la espalda, le negaron ayuda”.
Tiempo después, la familia recibe la noticia de que Andrés estaba muerto y su cuerpo se encontraba en la localidad de Avellaneda. El asesinato se habría producido el 23 de abril y los militares lo hicieron pasar como un enfrentamiento.
Carlos, compañero de vivienda de Andrés, había sido secuestrado el mismo día que él, en su lugar de trabajo. Su novia, Estela Iannarelli, y la compañera de Andrés, Nancy Cereijo, corrieron la misma suerte: “Fue una época muy dura, mi hermano era un chico bueno, mi cuñada también, no se merecían esto, no se lo merecían”. Faltaban 9 días para que Andrés se casara, recordó su hermana, “y todo quedó en la nada”.
Acerca de los daños que este hecho siguió provocando en la familia durante todos estos años, Lidia describió: “Yo siempre digo que el cáncer de estómago que tuvo mi mamá y el mal de Alzheimer que tuvo mi papá fue a causa de haberse tragado durante tantos años tanta impotencia y tanta bronca”.
Como síntesis de todo lo sufrido, Lidia señaló: “Yo no lo superé nunca, mis padres menos”.

Otros testimonios
Luego de Lidia, declaró Carlos Walde cuya esposa es prima de Andrés Lofvall. Walde relató que junto a los padres de su mujer y al padre de Nancy Cereijo, fueron a reconocer los cuerpos para poder retirarlos. Ya en la morgue le mostraron algunos cadáveres, al ver el de una mujer se dio cuenta de quién se trataba pero no pudo reconocer el de Andrés.
Sin embargo, pudo hacerlo después, cuando la madre le comentó acerca de una seña característica.
L
a tercera declaración fue la de Irma Wagner de Iannarelli, mamá de Stella Maris, secuestrada y asesinada al igual que su pareja, Carlos Illacqua. De 72 años, Irma contó que su hija desapareció en la calle y se la llevaron al V Cuerpo de Ejército. Del secuestro, se enteran por parte del padre de Nancy Cereijo, compañera de vivienda de Stella Maris y quien también había desaparecido. Los familiares presentaron Habeas Corpus y se apersonaron varias veces en el V Cuerpo donde los atendían “en una oficinita, había dos personas jóvenes que nos retiraban los documentos y al rato nos decían que no nos podían atender”.
Stella Maris estudiaba Licenciatura en Economía y tenía 19 años. Según su madre, de Bahía fue trasladada a La Plata mientras que Nancy habría sido llevada a Capital Federal. El asesinato de Stella Maris fue falsificado como enfrentamiento. Luego sus padres fueron avisados que los cuerpos estaban enterrados. “¿Cómo fue la vida?”, preguntó el fiscal Horacio Azzollin: “Como se puede”, sentenció la madre de Stella Maris.
Su marido, Alfredo Iannarelli, jubilado, 81 años, de Punta Alta comenzó su testimonio muy compungido: “Qué le puedo decir… que la buscamos y nada más… Otra cosa…”.
Al momento de explicar cómo fueron a buscar el cuerpo, ironizó con bronca: “Hasta me ayudaron los militares mismos”. La Marina facilitó una ambulancia y un ataúd para retirar los restos de su hija. Alfredo se indignó cuando tuvo que describir el estado del cadáver: “Un pedazo de masa así”. “No se veía nada”, agregó.
La vida cambió totalmente para Alfredo después de lo sucedido: “Todos los días mirando a cualquier chica que veía pensando que era la mía”, señaló. “Todos los días salía de trabajar y pensaba ‘Pucha, un día va a aparecer acá’”.




Autor: Redacción EcoDias