Opinión

Fecha: Martes, 27 Junio, 2017 - 00:00

¿Qué haremos cuando lleguemos al precipicio?

Por las noches me hago preguntas, en la mañana las respondo.
Los filósofos nos dejan historias, no soluciones.
Las revoluciones no se llevan a cabo con el consentimiento del cien por ciento.
El Dios dinero, creación del capitalismo, domina al mundo.
En cada país el capitalismo creó una selecta clase social, de concepción burguesa capitalista.
Los mecanismos y el entretejido social, económico, financiero, lo imponen esas pequeñas minorías que por siglos han esclavizado a los pueblos.
El concepto de la especie que se desvinculó del mono hace unos 40 mil años, nunca logró completar su ciclo como “ser humano”.
La propia naturaleza del capitalismo es contraria a la evolución del hombre.
Las democracias han sido y son las expresiones de la clase social que está en el poder, fieles a las burguesías capitalistas.
Las elecciones como expresión más elevada -que los gobiernos imponen a los pueblos-, es la mayor falsificación de la verdad. Winston Churchill dijo en 1947 que la democracia “es la peor forma de gobierno, excepto todas esas otras formas que cada tanto se han intentado”. Yo la he actualizado: “Las democracias no sirven para nada, pero no tenemos otra cosa que ofrecerle al mundo”.
Poco podemos esperar de los gobiernos actuales del capitalismo y las democracias burguesas.
La contradicción entre capitalismo y trabajo marca la diferencia entre los ricos que mandan y los pobres que obedecen.
Aunque esto no lo crean, no lo comprueben, no lo entiendan, somos parte de un proceso evolutivo del hombre.
Se dio lo negativo… ¿Por qué no se puede dar lo positivo? ¿Por qué la vida humana no puede continuar viviendo el futuro en forma ascendente proporcionando felicidad a todos, y no que esa felicidad se dé a costa del sacrificio de gran parte de la humanidad?
Entiéndase: a la mayoría de los pueblos, es el hombre quien debe cambiar, bajo las actuales condiciones será difícil conseguirlo.
Llevamos 200 o 300 años de mentalidad que nos lleva más al antihumanismo que al humanismo, según Sigmund Freud: no veo nada en la creación que me haga ver la felicidad del hombre.
¿Por qué Marx habla del reencuentro del hombre consigo mismo y con la naturaleza?
¿Por qué el dios de la mitología griega Anteo solo pudo ser vencido cuando se lo separo del suelo? Es decir, de los pueblos.
Los japoneses inventaron lo que llamamos bonsái, en vez de crecer, decrecemos.
¿Se puede mantener a la población mundial impidiéndole su crecimiento?, ¿Se puede impedir que un niño crezca?
Sean cultos, ignorantes o analfabetos, las madres y los padres, ¿Podrán impedir que la criatura crezca?
Así está pasando con el mundo actual, podemos precipitarnos hacia un abismo, pero todo indica que están dadas las condiciones (a nivel mundial), de que por primera vez los que componemos los pueblos tengamos bienestar social, “un mundo mas social y justo”.
También me hago la siguiente reflexión: Si esto lo dejo dentro mío y no lo divulgo “¿A quién beneficio?”.

Autor: Por Aron Berstein