VIOLENCIA Y VÍNCULOS Derechos Humanos

Fecha: Martes, 27 Noviembre, 2018 - 00:00

¿Cuándo comienza la violencia?

Una de las preguntas que giran alrededor de la violencia de género es por qué las mujeres siguen en relaciones violentas. La organización NIDO visibiliza los escalones previos que deben convertirse en alertas.

Hay que tratar de entender y comprender por qué a una mujer le cuesta mucho de salir de una relación violenta y por qué muchas veces no se da cuenta desde el inicio, donde suele suceder que todo el mundo lo ve y quien lo padece no”, dice Ana Carolina Benavente, integrante de NIDO, organización que hace más de 30 años acompaña en la atención a la problemática de la violencia.

No es solo física
Uno de los grandes mitos que es necesario derribar es que la violencia solo es física, “está muy presente cuando hablamos de violencia de género, de qué hablamos cuando hablamos de violencia en la pareja, esto gira en torno a que una persona quiere ejercer el poder o la fuerza sobre otra persona, esto es indistintamente si es varón o mujer, se suele dar de ambos lados. Sin embargo, la estadística demuestra que son las mujeres las que más sufren este tipo de violencia de parte de los varones”. Carmen Ruiz Repullo, socióloga española, creó una explicación sobre estas relaciones, una hipótesis narrativa que nos acerca a la escalera cíclica de la violencia. La historia de Pepe y Pepa recrea el vínculo entre dos personas jóvenes que empiezan a conocerse, el relato se va nutriendo de las experiencias recopiladas por NIDO en sus talleres en las escuelas y otras organizaciones. “Todos estamos de acuerdo que maltratar alguien, tratarlo mal, obligarlo a hacer algo que no quiere es violencia, socialmente está establecido, no obstante algunas conductas son difíciles de detectar, otras están normalizadas, y otras están disfrazadas de actos de amor”, introduce Karina Carestía, voluntaria de la organización. “La escalera de la violencia arranca desde lo menos visible hasta la más visible, la más difícil de todas, que no tiene retorno: el femicidio”. De acuerdo, a lo estudiado en infinidad de casos, “no es posible llegar a la violencia física si no hay antes una preparación psicológica para que esa mujer no pueda poner un freno ante esto”.
La prevención de la violencia física está relacionada, justamente, con visibilizar las etapas, los momentos y las conductas que existieron previamente en la relación de pareja. Pepe y Pepa hace referencia a dos jóvenes adolescentes que hace pocas semanas que se conocen, y lo hicieron porque tienen amigos en común, están en la escuela cursando sus estudios, “en principio se ven los fines de semana, tienen contacto telefónico todos los días mediante el whatsapp, redes sociales”. Pepe constantemente le pregunta a Pepa dónde está, con quién está, qué está haciendo; ella entiende que su novio está pendiente y tiene un interés. “Un día cualquiera Pepe se levanta y mira que Pepa se conectó por última vez a las 3 de la mañana, entonces le pregunta con quién hablaba a esa hora, Pepa explica que estaba resolviendo una actividad escolar y se le hizo tarde y estuvo enviándose mensajes con una compañera. La situación pasa”. En otro momento, mientras comparten en la plaza, el adolescente se queda sin baterías y le pide el celular a Pepa, ella se lo presta, mientras lo utiliza le llega un mensaje del face y entonces él pregunta quién ese chico, por qué te escribe, y ella explica que es un compañero. La indagación va más allá, y se plantea por qué tienen “tantos contactos varones, para qué usa las redes sociales, y le dice que si no tiene nada que ocultar que le de las contraseñas, ella se resiste, él insiste y Pepa no quiere pelear entonces se las da, de esta forma, Pepa acaba de subir el primer escalón que es el control”. En este nivel, el control está relacionado con querer saber todo de la otra persona, por miedo a perderla, “en los talleres chicas y chicos ven muy claro que hay control sobre la ropa, sobre los amigos, pero no ven este control sobre los mensajes y las explicaciones que hay que dar constantemente”. Si bien, al inicio de una relación es bastante común esta interacción, una vez conocidas las rutinas, los mensajes se van espaciando, si esto no sucede, la actitud más común de las mujeres es tratar de evitar las discusiones y las confrontaciones, por lo tanto, van entregando sus amistades, sus espacios de tiempo libre, su forma de vestirse, en pos de la relación. “A medida que esto sucede, vamos cambiando, y en el segundo paso nos encontramos con el aislamiento, el alejamiento de amigas y amigos sobreviene lentamente, se renuncia a planes y esto cada vez sucede más seguido, y se dedica exclusivamente el fin de semana para Pepe”. Progresivamente, esto avanza, Pepe ha ganado tiempos y actividades, “es gradual, no se percibe como violencia porque Pepa lo acepta, esta quita de afectos y la exclusividad es muy sutil”. Esta situación es peligrosa, porque el corte de vínculos con los seres queridos nos deja con una única posibilidad de acompañamiento, “a quién le pedimos ayuda si no hay un círculo cercano”.

Cuando llega la manipulación
La culpa surge como una manera de manipular situaciones, “cuando Pepa se quiere ir con sus compañeros de la escuela, Pepe le dice que el único momento en que se ven, que él anda mal, y agrega ´hacé lo que quieras, pero me gustaría que te quedes conmigo´, entonces Pepa no va”. Pensar en estos primeros escalones nos permite visibilizar la base de la violencia, dónde se monta y cómo progresa, “una característica de la violencia es que siempre es ascendente”. Después de un tiempo de estar juntos, festejan estos meses compartidos, y lo hacen en la casa de Pepe mirando una película, en esta situación él le pide tener relaciones sexuales, insiste mucho, a pesar de que Pepa se niega y entiende que es pronto o que no se siente preparada. Pepe le dice que si lo quiere estaría con él, entonces, ella accede. “Esto ya está en el orden de la agresión sexual, es un falso consentimiento, que llega bajo la manipulación”. Posteriormente, las humillaciones e insultos se suman, “en este momento la violencia se vuelve más visible, en general la mujer se culpabiliza de estas situaciones, siente que ella lo provocó, por eso continúa con esta relación”. La intimidación llega para imponer miedo en la otra persona, “con solo la amenaza del golpe se genera el miedo, se conocen historias de muchos años de violencia aunque el golpe haya surgido una sola vez, aparece incluso golpeando una pared, tirando las cosas”. En este instante, la mujer se da cuenta que está en problemas y “con la agresión física se trata de que obedezca a las imposiciones que el hombre o ella quiere terminar la relación”.
Quien te ama no te hace recorrer este camino, sentencian desde NIDO, y aseguran que si bien se registran casos de violencia de mujeres hacia hombres, con esta misma modalidad, lo que se percibe es que los varones se retiran de la relación mucho antes de la agresión. “La violencia psicológica es fundamental, porque la violencia física no aparece con el fin de dejar una marca en la espalda o un ojo morado, el objetivo que se persigue es que sepa que es él el que manda”. Este mensaje va directamente a la mente de la víctima. “Las cifras que estamos manejando en Argentina son bastantes preocupantes, los llamados de jóvenes entre 15 y 24 años al 144, la línea a nivel nacional donde una puede recibir contención y asesoramiento, en el año 2017 se recibieron 8.368 llamados, de los cuales 8.359 son de mujeres y 9 de varones”.

ORIENTACIONES Y HERRAMIENTAS
Es importante que los familiares y amistades cercanas sepan que es mucho lo que pueden hacer para prevenir y ayudar a una mujer que padece violencia. Una intervención acertada puede evitar situaciones de violencia y hasta salvarle la vida. La ayuda debe llegar desde el diálogo, en un clima de confianza, que no tienda al juzgamiento, para lo cual hay que crear un espacio donde poder expresar que los insultos y descalificaciones son malos tratos, el control y los celos no son amor, los golpes y el maltrato no son formas saludables de resolver conflictos de pareja. Un punto importante es no permitir que el agresor logre aislar a la mujer o joven, favoreciendo el dominio y el sometimiento. Por eso hay que estar muy presentes, llamarla, contenerla. “Estas señales muchas veces pasan desapercibidas porque la violencia se toma como algo ´normal´ pero advierten que esta relación no se basa en el respeto, es posesiva, desigual y limita libertad”.

EL NIDO se encuentra en Bahía Blanca en calle Donado 151 local 2 Mercado Municipal. Horarios de atención al público: lunes, miércoles y viernes de 9.30 a 11.30 y de 16 a 18 hs.

Autor: Redacción EcoDias